Panorama del sector energético 2023-2024

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El “rescate del sector energético” está llegando a su fin. A medida que el reloj avanza y el cambio de gobierno se acerca, los principales responsables de formular e instrumentar la actual política energética van tomando decisiones con miras a nuevos horizontes.

Esta racional, tradicionalmente seguida y aceptada cada seis años, impacta la dinámica del sector. El problema no es que resulte en un contrasentido del “no somos iguales”. El inconveniente es que incrementa el grado de incertidumbre con res- pecto a la factibilidad de los proyectos públicos de infraestructura energética que se han planteado para el futuro.

A estas alturas, poco sorprende que los cálculos políticos continúen definiendo el actuar de los funcionarios responsables del sector. Tampoco extraña que las empresas pongan en revisión su participación en los proyectos que se están confeccionando en las industrias eléctrica y de los hidrocarburos. Lo que llama la atención es el riesgo latente de que el país desaproveche una buena oportunidad para posicionar su liderazgo en el concierto internacional.

El proceso de relocalización de cadenas de suministro que en los últimos meses ha favorecido a México con manifestaciones tempranas de inversiones pronto puede tocar con pared. Más allá de los relevos al interior del gobierno y de la contaminación que surge por las expectativas al- rededor del proceso político electoral de 2024, la falta de infraestructura eléctrica y las diferencias que en materia de energía se discuten dentro del TMEC conforman hoy una gran losa que arrastra todo el sector.

Se trata de dos problemas estrechamente relacionados que determinarán, a partir de la forma en que se resuelvan, la posibilidad de que nuestro país aproveche de manera plena el nearshoring para crecer en términos sociales y económicos. Vale la pena señalar que, aun cuando no son desafíos sencillos, beneficia que su solución dependa única y exclusivamente del talento de los servidores públicos involucrados en estas cuestiones.

Desde una perspectiva realista se observa que el margen de maniobra que el actual gobierno tiene para resolver de manera eficiente estos problemas se estrecha cada vez más. Como ya se mencionó, la dinámica político electoral juega en contra de cualquier buen deseo. Influye, también, el dogmatismo con el que se opera la actual política energética, que hace una suerte de camisa de fuerza y complica una pronta solución.

Bajo estas condiciones resulta comprensible considerar que el desarrollo de nueva infraestruc- tura eléctrica y el regreso a los preceptos del TMEC, como pauta del actuar público, dependerán del go- bierno que se elija en junio de 2024. Dicho con más claridad: la posibilidad de atraer más inversiones, en el contexto de los retos que plantea el nearsho- ring, dependerá de una mujer.

Harán bien las candidatas si en sus discursos de campaña incorporan conceptos que acrediten entendimiento y comprensión con respecto a los problemas antes mencionados. Más importante será que incluyan propuestas para resolverlos.

Ciertamente no extrañaría que en el próximo proceso electoral ambas decidan transitar por el camino del pensamiento binario, ese que no admite matices ni puntos intermedios. En un contexto de polarización social es fácil caer en la tentación de plantear soluciones excluyentes.

La verdad es que para resolver de forma eficiente la falta de infraestructura eléctrica y las diferencias que en materia de energía se discuten dentro del TMEC no debe haber cabida para el pensamiento binario. Dilemas como el de “combustibles fósiles vs. energías renovables” y conceptos como el de “menos Pemex y más privados” son parte de una narrativa que no acepta la realidad de nuestro país.

Lo que sí se requiere son propuestas que esbocen aspectos centrales de un nuevo paradigma energético. Producción de hidrógeno verde, sistemas de almacenamiento de energía y transmisión en corriente directa son conceptos obligados en un modelo innovador. Lo mismo que captura de carbono y movilidad eléctrica.

Abordar e implementar estas ideas significaría, paradójicamente, llevar a cabo un verdadero rescate del sector energético. Algo que ni esta ni administraciones pasadas han logrado materializar.

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