Refinería Dos Bocas: el capricho caro de la 4T

Comparte en Facebook Comparte en Twitter Comparte en Linkedin

Por Nayeli Meza

El presidente Andrés Manuel López Obrador se aferra a aumentar la producción de petróleo en México con el proyecto más ambicioso en materia energética de su administración, aunque esto implique utilizar recursos que son prioritarios para atender otras necesidades en el país 

El proyecto es ambicioso, pero su ejecución aún genera dudas. Desde que se mudó a Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador se puso un objetivo claro: rescatar la soberanía y seguridad energética de México sin importar a qué costo.

El estandarte más emblemático de esta misión es la refinería en Dos Bocas, Tabasco, que comenzó a materializarse a inicios de junio de 2019 y que, según el propio mandatario, iniciará operaciones el 1 de julio del 2022, en el marco del cuarto aniversario de su triunfo en las urnas.

Desde antes de que se iniciaran los trabajos de la refinería que procesará 340 mil barriles por día de crudo maya, diversas posturas se hicieron presentes y, aun con todos los pronósticos en contra, el Gobierno federal dio marcha adelante. 

Al momento de revisar las cuentas del proyecto insignia de la Cuarta Transformación en materia energética destacan varios aspectos relevantes que dejan entrever que Dos Bocas puede convertirse en un capricho muy caro para la Cuarta Transformación.

La primera señal es que el costo de la séptima refinería en construcción ya excedió el presupuesto que se habían planteado inicialmente. La secretaria de Energía, Rocío Nahle, prometió que no se rebasaría el tope de 8 mil millones de dólares e incluso aseguró que al estar administrada por su dependencia y por Petróleos Mexicanos (Pemex) la cifra podría ser mucho menor.

No obstante, Octavio Romero Oropeza, director de Pemex, reveló el año pasado durante su comparecencia ante la Cámara de Diputados que al proyecto se le inyectaron 900 millones de dólares adicionales, es decir 11 por ciento superior a lo contemplado.

En su defensa, la funcionaria zacatecana respondió en su encuentro con los senadores que la bolsa de recursos creció, ya que se amplió el alcance de la refinería al integrar al plan “un ciclo combinado, el acueducto del Río Gonzalez, el gasoducto de cactus hacia Paraíso y una monoboya en el sitio”. Por tal motivo el costo total de la refinería ascenderá a 8 mil 919 millones de dólares.

Para Rosanety Barrios, analista independiente de energía, nada hará que el mandatario cambie de opinión sobre Dos Bocas y lo que considera más preocupante es que no es posible comprobar si el proyecto será viable en el largo plazo.

“La construcción de una refinería, que ya era cuestionada incluso desde antes de la pandemia, no es negocio para México porque estamos invirtiendo en un proyecto muy costoso que no tiene reglas claras y existen otros temas más urgentes que se deben atender en el país”, detalla.

La polémica en la construcción de la obra regresó al debate público tras la publicación del último reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en febrero de 2021.

En el análisis relativo a Dos Bocas, el organismo encabezado por David Colmenares detectó irregularidades por 75.5 millones de pesos en la construcción correspondientes a pagos no aprobados entre el volumen de material y servicios relacionados con el monto asignado en 2019. 

Además, la ASF encontró que el proyecto comenzó a edificarse cuando no se contaba con la información técnica suficiente, debido a que se ignoró el riesgo de inundación y erosión del terreno donde actualmente se realizan las obras. 

En respuesta, el presidente López Obrador, al igual que la secretaria de Energía, Rocío Nahle, aseguraron que la Auditoría “exageró” y negaron el contenido de los informes. 

Otra señal que preocupa es si el dólar se fortalece. Especialistas del sector coinciden en que el costo de Dos Bocas se dispararía entre 20 y 35 por ciento, debido a que la mayoría de los contratos se adjudicaron en esta moneda y con un tipo de cambio diferente. 

Arturo Carranza, analista de energía, opina que desde el anuncio del proyecto, este fue muy cuestionado, pues a medida que el mundo va transitando hacia las energías limpias, México le apuesta a una refinería para producir combustibles fósiles.

“Esta nueva refinería se tuvo que haber construido hace dos sexenios, pero el plan no se ejecutó por falta de capacidad de gestión y cuando se planteó en esta administración la realidad es que llega tarde. Dos Bocas es cuestionada porque todo el presupuesto que está absorbiendo debería ser destinado a necesidades más importantes en la coyuntura actual, como la salud pública”, agrega.

La refinería, que será la más grande en el país, se construye en el estado natal del presidente López Obrador, lugar que experimentó un rápido crecimiento durante las décadas de los 70 y 90, gracias al dinamismo de la actividad petrolera en la región Mesozoico Chiapas-Tabasco.

Hoy, el escenario dista de esos años de gloria, pues con la caída de los precios del crudo y el declive en la producción del oro negro a nivel mundial, el gobierno morenista mantiene una deuda social que se acumuló en sexenios pasados por los daños ambientales de esta actividad en la zona.  

El plan de esta administración es que México se encamine hacia su autosuficiencia en la producción de gasolinas y con ello los consumidores se beneficien de precios más accesibles para su bolsillo. Un reto nada sencillo, al tomar en cuenta que actualmente casi el 80 por ciento de los combustibles que se consumen en territorio nacional son importados.

Erick Sánchez Salas, experto en materia energética, manifiesta que el camino adecuado en este momento no es construir una refinería dadas las condiciones del mercado internacional y por lo que implicaría para México.

“La refinación en el mundo se encuentra en una mala posición y esto se suma a que dentro de la industria petrolera es el sector que reporta menores márgenes, además la tendencia permanente es que la demanda de los combustibles fósiles vaya a la baja”.

El riesgo de las puertas cerradas  

 El Gobierno federal tiene el tiempo contado, pues su deseo de terminar la refinería de Dos Bocas para el año 2022 está sujeto a diversos factores administrativos, financieros e, incluso, ambientales.

La secretaria de Energía hace su pase de lista cada semana al visitar las instalaciones del magno proyecto resguardado por casi 2 mil efectivos de la Guardia Nacional y el Ejército.

Sin embargo, la única información que se tiene es la que el propio presidente proporciona los lunes durante sus conferencias matutinas, lo que preocupa a especialistas y legisladores.

Hasta octubre de 2020 se sabía de manera pública que el avance de la obra superaba el 24%, dato que no se puede contrarrestar o comprobar, al igual que otros reportes.

Arturo Carranza, analista de energía, insiste en que al ser un proyecto tan importante, no solo para el actual gobierno, sino para el país en general, es necesario que el proceso sea más transparente.

“Hasta cierto punto es entendible que el gobierno invierta en el negocio de la refinación, pero lo que no se termina de comprender es porqué no existe una estrategia clara sobre lo que se está haciendo en Dos Bocas, más allá de lo que se comparte cada semana”, destaca.

Una de las voces que más insiste en que se ponga fin a la opacidad en la construcción del proyecto de infraestructura energética es la diputada federal Soraya Pérez Munguía, quien en diversas ocasiones solicitó a Pemex y a las secretarías de Energía y de Hacienda que transparenten los informes del avance físico, así como el verdadero costo de la obra y sus proveedores.

La analista independiente de energía, Rosanety Barrios, plantea que, si bien la falta de rendición de cuentas no es algo nuevo, sí es importante que en Dos Bocas se cambie esta situación.  

“En sexenios pasados ocurría algo similar, pero la diferencia está en la forma que tiene este gobierno, ya que derriba de facto con todo lo que se construyó, a pesar de lo que digan las leyes”, dice Barrios.

El plan general contempla la construcción de 17 plantas de proceso, 56 tanques de almacenamiento y 34 esferas, talleres, cuartos de control, así como edificios administrativos y de servicios.

Cifras de Sener muestran que el proyecto emplea a 43 mil  321 personas de manera directa e indirecta, aunque de esas solo 5 mil 602 se encuentran en el sitio de la construcción, en tanto que los 37 mil 719 indirectos se concentran en 16 estados de la República Mexicana.

Una vez que arranque operaciones se prevé que la nómina de Dos Bocas esté conformada por 1,300 empleados bajo contratación directa y unos 6 mil de forma indirecta.

Otro de los elementos que genera nerviosismo es que la responsable de la ejecución del proyecto es una filial de Pemex, PTI Infraestructura de Desarrollo, y desde hace 40 años la petrolera a cargo de Octavio Romero Oropeza no ha construido ninguna refinería. La última fue la de Salina Cruz en Oaxaca, que atraviesa por una rehabilitación como parte del plan energético del inquilino de Palacio Nacional.

En septiembre de 2020, Kellogg Brown and Root (KBR) abandonó los paquetes 4 y 6 de la segunda fase de la obra por los sobrecostos presupuestarios establecidos. Aun cuando el gobierno mexicano actuó rápido para encontrar a un nuevo contratista (entró Techint en conjunto con Ica Fluor) el riesgo de que otra empresa se separe del proyecto en los siguientes meses está latente.

Erick Sánchez Salas, experto en materia energética, asegura que si más adelante salen del proyecto otras empresas, el gobierno encontrará cómo solucionarlo, pero lo que genera incertidumbre es el uso que se le está dando a lo transferido.

“En este proyecto no está participando nadie más que Sener y Pemex, por ende no hay privados que puedan temer por sus inversiones, pero hacia afuera es preocupante que no se está haciendo evidente la aplicación y ejercicio de los recursos”.

Un plan tóxico para los mexicanos  

Desde que se supo que el proyecto tendría como sede el municipio de Paraíso, en Tabasco, se cuestionó no solo su viabilidad financiera, también ambiental.

El clima de la entidad es muy húmedo y las precipitaciones que se alcanzan de manera anual llegan a superar los 2,750 mm, uno de los niveles más altos a nivel mundial, de acuerdo con el Instituto de Protección Civil estatal.

Y no solo eso, de todas las zonas en las que se contempló la ejecución de la obra, el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) dictaminó desde 2008 que Paraíso era la de mayor riesgo, debido a que en materia ambiental, social y de infraestructura se encontraron diversas limitantes en contraste con otros sitios estudiados.

El elemento más relevante era el de los ecosistemas existentes en la región, en los cuales habita una amplia gama de especies protegidas o en peligro de extinción.

En mayo de 2019, Sener y Pemex informaron que obtuvieron el aval ambiental para iniciar los trabajos, a pesar de que diversas organizaciones hicieron un llamado a la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) para frenar el permiso por los daños irreversibles que eso provocaría a Paraíso y al Estado por las 119 especies que peligraban. Días después, el regulador ambiental comunicó que la autorización se dio de manera condicionada. 

La misma ubicación geográfica de Tabasco y su escaso nivel sobre el mar pone en riesgo el futuro de la refinería, ya que en los próximos años derivado del cambio climático el mar puede deteriorar o, en el peor de los casos, inundar la obra si no se cuenta con infraestructura adecuada.

Un factor que también depende de esto es que el terreno donde se construye Dos Bocas no es el más adecuado, porque se trata de una serie de lagunas y pantanos con suelos arcillosos que obligó a los desarrolladores a realizar obras adicionales de acondicionamiento y por ende esto genera costos adicionales, de acuerdo con el IMP.   

Gustavo Alanis-Ortega, director general del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), asegura que el Gobierno federal incurrió en diversas irregularidades e incluso presionó con tal de que el presidente Andrés Manuel López Obrador lograra su cometido.

“Dos Bocas es un proyecto que comenzó con el pie izquierdo y es inviable por donde se le vea. Destruyeron ecosistemas importantes para México sin tener una sola autorización ni estudios. En sí lo que estaba en juego era la vegetación, pero de manera más amplia el Estado de derecho en materia ambiental”, agrega el experto.

Mientras que el mundo se encamina hacia las energías renovables y las economías cero emisiones, con la rehabilitación del Sistema Nacional de Refinación (SMN) y la construcción de la refinería en Dos Bocas, el presidente Andrés Manuel López Obrador manda un mensaje contrario al mercado y a los inversionistas.

México se comprometió a nivel mundial a reducir sus emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI) en 30% para 2020 (cifra que no se cumplió), y para el año 2050 la meta es que el país disminuya su huella de carbono hasta en un 50%.

El país aún está lejos de cumplir sus compromisos y la ausencia de una estrategia para limitar sus emisiones no son una prioridad del actual gobierno.

Investigadores del Cemda elaboraron un análisis sobre el impacto que tendrá Dos Bocas para el medio ambiente y cómo esto evitará que México cumpla con lo acordado en la reducción de GEI.

Por principio, se estima que el total de emisiones anuales de la nueva refinería ascenderá a los 2.16 millones de toneladas de CO2, cifra que equivale a las emisiones de 855 mil 020 vehículos compactos en un año.

Otro elemento que genera inquietud entre especialistas y organizaciones es que las emisiones de CO2 de Dos Bocas para los próximos 20 años de operación establecidos en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) serían igual a talar 183 millones de árboles y si el plazo de vida se extiende hasta 40 años, el equivalente superaría los 366 millones.  

Gustavo Alanis-Ortega considera que el presidente López Obrador justifica la construcción de la refinería bajo el argumento de que ya no quiere depender de las importaciones petroleras, sin embargo, deja de lado que como país se tienen que atender compromisos que trascienden más allá de su sexenio. 

“Estamos yendo en contra de los acuerdos y eso le genera al gobierno mexicano, además del propio incumplimiento internacional, una mala reputación e imagen. Por un lado dice que quiere bajar las emisiones del país, pero por el otro sigue apostándole al petróleo. La refinería en Dos Bocas es una apuesta equivocada para México”.

Últimas noticias

Se compromete Whirlpool a alcanzar las cero emisiones netas para 2030

BP gana 7,783 mdd en primer semestre 2021

Instalan cuarta desaladora en refinería de Dos Bocas