Venteo de gas: la catástrofe silenciosa

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Aunque sin duda, este nuevo ímpetu es en algunos casos mera propaganda, también es cierto que hoy, en los aciagos momentos que vivimos, por lo menos ya es un avance que cada vez más personas adquieran la conciencia de cuidar al medio ambiente y también sepan sobre la importancia que tiene disminuir la emisión de los gases de efecto invernadero tales como el metano y dióxido de carbono, entre otros.

Texto: Marcelo González y Jorge Arrambide

México vive en un escenario en el que muchas voces claman por la transición energética, pero pocas son las que han puesto su atención en el elemento que logrará consumar ese afán: el gas natural.

No es materia de este artículo presentar el amplio catálogo de las virtudes que lleva consigo la utilización de gas natural, entre las que destacan la seguridad energética, sino resaltar el lamentable hecho que en México la infraestructura para su transporte y almacenamiento es, además de escasa, terriblemente paupérrima.

Lo anterior, por desgracia, coloca al sector energético en un severo estado de crisis porque entre otros, coloca a la transición energética en un campo minado y también da rostro a una catastrófica y silenciosa crisis medioambiental.

Sobre esto último nos preguntamos lo siguiente: ¿de qué manera la falta de infraestructura de transporte y almacenamiento de gas natural promueve una crisis de este tipo?

La respuesta es relativamente simple: la falta de infraestructura de transporte y almacenamiento de este hidrocarburo, así como la inexistencia de tecnologías y procesos estandarizados capaces de reconvertirlo en otros subproductos (e.g. fertilizantes como lo es el amoniaco) y la ausencia de mercados regionales interesados en reutilizarlo provoca que los operadores petroleros decidan liberarlo en la atmósfera, lo que significa que grandes volúmenes de metano, CO2 y óxido de nitrógeno impacten negativamente en el medio ambiente y contribuyan a que sigamos respirando la nata tóxica que gradualmente está acabando con nuestras vidas.

Jorge Arrambide

A la actividad de liberar o “quemar” el gas en la atmósfera se le conoce como “venteo” y actualmente es un verdadero dolor de cabeza no solo para quienes lo respiramos, sino también para las empresas que en mayor o menor medida están obligadas a migrar sus operaciones hacia diversos esquemas tecnológicos que privilegien la disminución de metano, CO2 y óxido de nitrógeno.

No hace falta ser un gurú energético para asegurar que nuestro país aún está muy lejos de cumplir con los compromisos medioambientales asumidos a nivel internacional, como el Acuerdo de París o los recientemente adquiridos en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27).

Apenas el mes pasado, uno de los aspirantes a la presidencia de la República y actual Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, aseguró en la COP27 llevada a cabo en Egipto, que para el 2030 México reducirá entre 22 y 35% sus emisiones de gas de efecto invernadero a través del impulso de las energías renovables y la eliminación del venteo rutinario de las operaciones de PEMEX. Dicho sea de paso, como lo señaló el Grupo de Observación de la Tierra en la Escuela de Minas de Colorado, en 2021, México alcanzó un récord histórico al quemar 6,500 millones de metros cúbicos de gas natural.

En un comunicado, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) informó que este compromiso será respaldado por una inversión de cerca de 2 mil millones de dólares.

Marcelo González

Detengámonos un poco y seamos realistas, si tomamos como base que este gobierno tiene hondamente enquistado el fetiche cardenista de la soberanía energética –cuando la realidad es que precisamente por su falta de infraestructura nuestro país depende enteramente del gas texano, lo que mina la soberanía nacional– y que en los últimos cuatro años únicamente ha frenado permisos, obstruido autorizaciones, fiscalizado y amenazado a las empresas nacionales y extranjeras, y además como cereza en el pastel, tuvo a bien destruir sin empacho a los reguladores del sector, por supuesto que no existe el mínimo indicio que pudiera hacernos pensar que lo dicho por el Canciller aterrizará en una intención sincera.

Lo que México necesita es la suficiente voluntad política y la solvencia técnica de los tomadores de decisiones del sector energético para crear una política de gas natural cuyos principales pilares sean la buena regulación y la modernidad tecnológica.

De no tener una buena política de gas natural seguiremos dependiendo del gas de Estados Unidos y lo peor es que poco a poco perderemos la salud e incluso vidas, por la catástrofe silenciosa que es el venteo de gas. Veamos si lo que dice el Canciller va en serio.

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