El gobierno de Claudia Sheinbaum tendrá que transformar su relación financiera con Petróleos Mexicanos; de lo contrario, el rescate a la petrolera continuará presionando a las finanzas públicas.
El apoyo continuo a Pemex por parte del gobierno federal fue uno de los elementos que tomó en cuenta Moody’s Ratings para bajar la calificación crediticia de México, al considerar que limita la capacidad del gobierno para estabilizar la deuda en un entorno de bajo crecimiento.
Bajo el panorama presupuestario actual del gobierno de Claudia Sheinbaum, el apoyo financiero a Pemex sí resulta perjudicial, afirmó Jorge Sánchez Tello, consultor financiero.
“El problema no es el apoyo en sí, sino el cómo. Pemex es hoy una de las petroleras más endeudadas del mundo. Cuando el gobierno absorbe las deudas de Pemex o le reduce los impuestos para inyectarle efectivo, está usando dinero del presupuesto federal que de otro modo iría a infraestructura, salud o educación. Como Pemex sigue perdiendo dinero en refinación, se ha convertido en un ‘barril sin fondo’”.
El especialista también apuntó que el gobierno no puede dejar caer a Pemex porque su deuda está respaldada implícitamente por la nación, pero advirtió que el apoyo no puede convertirse en un cheque en blanco.
Para rescatar a la empresa sin hundir las finanzas públicas, se podrían adoptar tres lineamientos clave, el primero de ellos el condicionamiento del apoyo, es decir, cada peso que el gobierno entregue a Pemex debe estar sujeto a metas estrictas de reducción de costos, eficiencia operativa y combate a la corrupción interna.
Otro elemento importante será poner atención en aquellas actividades que resultan rentables, para Sánchez Tello, Pemex debe concentrarse en la exploración y producción de petróleo, donde aún genera ganancias, y frenar o reestructurar el negocio de refinación, donde acumula pérdidas millonarias.
El tercer punto establecido por el especialista es el regreso de las alianzas estratégicas, es decir, permitir nuevamente que Pemex comparta riesgos y costos de inversión con empresas privadas mediante contratos de asociación o farm-outs. Esto inyectaría capital fresco sin representar un costo adicional para el presupuesto federal.
En conclusión, la advertencia de Moody’s es un recordatorio de que las finanzas públicas de México no tienen un margen infinito, mantener la estabilidad económica del país requerirá decisiones difíciles, pero necesarias: contener el déficit fiscal, diversificar los ingresos públicos y transformar de manera urgente la relación con Pemex para que deje de ser una carga financiera y vuelva a ser un activo rentable para la nación.
La calificadora estadounidense rebajó las calificaciones de emisor a largo plazo en moneda local y extranjera, así como las de deuda senior no garantizada del Gobierno de México, de Baa2 a Baa3.
También redujo las calificaciones de los programas de emisión de deuda senior no garantizada y de bonos a medio plazo (MTN), mientras que la perspectiva pasó de negativa a estable.
La rebaja a Baa3 refleja un debilitamiento sostenido de la solidez fiscal, que se aceleró en 2024 y que se prevé persistirá, debido a un gasto rígido, una base de ingresos reducida y el apoyo continuo a Pemex, factores que limitan la capacidad del gobierno para estabilizar la deuda en un entorno de bajo crecimiento, expuso Moody’s.