La exportación del modelo Bukele 

Ese es quizá el verdadero fenómeno Bukele. Su mayor exportación no son las cárceles ni los operativos contra las pandillas, sino una idea mucho más poderosa,

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Su popularidad regional se explica en buena medida por la reducción de la violencia que presume El Salvador.
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Nayib Bukele ya no es únicamente el presidente de El Salvador. Se ha convertido en un referente político que comienza a replicarse en América Latina. Pero lo que se exporta no es solamente su estrategia de seguridad: es una nueva forma de ejercer, comunicar y, sobre todo, legitimar el poder.

Su fórmula parece sencilla: resultados visibles, liderazgo personalista y una maquinaria digital capaz de convertir cada decisión de gobierno en contenido. Bukele entendió algo antes que muchos políticos tradicionales: en la era de las redes sociales no basta con gobernar, también hay que ganar la conversación. Cada operativo, cada anuncio y cada imagen del presidente forman parte de una narrativa mucho más amplia: la de un gobierno que actúa mientras otros discuten.

Su popularidad regional se explica en buena medida por la reducción de la violencia que presume El Salvador, pero también por la extraordinaria capacidad de comunicar esos resultados. Bukele no vende únicamente políticas públicas; vende eficacia, autoridad y ruptura con una clase política que muchos ciudadanos consideran incapaz de resolver sus problemas.

Por eso el fenómeno ya cruza fronteras. En distintos países de América Latina aparecen candidatos y gobiernos que reivindican elementos del llamado “modelo Bukele”: mano dura contra el crimen, cárceles de máxima seguridad, comunicación directa a través de redes sociales y un discurso que coloca los resultados por encima de los procedimientos tradicionales.

Y ahí aparece la pregunta incómoda ¿qué está comprando realmente América Latina?

Después de años de inseguridad, instituciones débiles, corrupción y promesas incumplidas, una parte del electorado parece cada vez más dispuesta a intercambiar contrapesos por resultados. Bukele ofrece precisamente eso: la imagen de un Estado que recupera el control y de un presidente que decide, ejecuta y comunica sin intermediarios.

El problema comienza cuando la eficacia se convierte en argumento suficiente para debilitar instituciones. Organizaciones internacionales han cuestionado detenciones arbitrarias y violaciones al debido proceso durante el régimen de excepción salvadoreño. El éxito en seguridad, por tanto, convive con una discusión inevitable sobre los límites del poder.

Ese es quizá el verdadero fenómeno Bukele. Su mayor exportación no son las cárceles ni los operativos contra las pandillas, sino una idea mucho más poderosa: que frente a problemas extraordinarios los ciudadanos pueden estar dispuestos a aceptar gobiernos extraordinariamente fuertes.

En una región cansada de esperar resultados, esa fórmula puede resultar mucho más contagiosa que cualquier política pública.

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Sofía Niño de Rivera

Sofía Niño de Rivera

Internacionalista con más de 15 años de experiencia en el sector gobierno, así como en análisis político nacional e internacional en medios de comunicación. Columnista en Petróleo y Energía y conductora de Weekly Energy Internacional de P&E.

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