Una dosis de energía y economía sin política. Hoy, 3 de enero del año 2026, tenemos un nuevo orden geopolítico en el sector de los hidrocarburos. Primero, hay que entender que esto es una estrategia desde el punto de vista político, energético y sobre la instancia que tiene América Latina hoy en día en el mediano y en el largo plazo.
Hoy, Estados Unidos, con la rueda de prensa dada por el presidente Trump, ha anunciado el incremento de la infraestructura, inversión y todo lo necesario para incrementar la producción de petróleo crudo en Venezuela en el corto al mediano plazo. ¿Esto qué significa? Significa, número uno, que México va a tener un acérrimo competidor que va a ser Venezuela, en donde empresas de Estados Unidos van a ir a hacer ciertas inversiones e incrementar la producción.
¿Esto qué deriva para México? Que ciertos recursos financieros que podrían haber sido destinados bajo los contratos mixtos o cualquier influencia que se tuviera sobre nuevos contratos, sobre todo en la extracción de hidrocarburos, algunas empresas de Estados Unidos ya no estarían interesadas y preferirían ir hacia Venezuela, donde se sentirían a gusto conforme a la administración Trump, que estaría apoyando toda la nueva infraestructura e incremento de producción.
Esto es muy importante, derivado de que hoy el sector de hidrocarburos acaba de cambiar. Esta es una estrategia, en la que Estados Unidos está alineando una propuesta en donde el petróleo de Venezuela, que puede y sirve para las refinerías en Estados Unidos, podríamos ver un mayor envío del actual que se tiene, en donde sólo está la compañía Chevron enviando a Estados Unidos.
Esto sería un punto de inflexión durante las negociaciones de tratado de libre comercio con Canadá, derivado que hemos visto en los últimos meses una instalación del 10% de aranceles sobre el petróleo crudo de las exportaciones que realiza este país hacia los Estados Unidos. Debemos recordar que Canadá es el principal exportador de petróleo crudo hacia Estados Unidos y esto podría ser un punto de negociación derivado de que, si Venezuela incrementa la producción y gran parte de la exportación que está teniendo hoy en día es enviada a Estados Unidos, Canadá podría reducir la cantidad de petróleo crudo enviado hacia Estados Unidos y esto podría ser un punto de negociación por parte del presidente Trump.
Segundo, hoy hay que evaluar si en el nuevo régimen que se vaya a implementar, como dijo el presidente Trump en su rueda de prensa —en donde indica que la administración de Estados Unidos va a controlar junto con ciertos personajes de Venezuela—, podemos ver una renegociación de la deuda que tiene Venezuela con China. Y esto podría ser un gran problema en los próximos meses, derivado de que China podría solicitar que Venezuela le pague la cantidad de dinero que tiene o bien, llegar a una negociación con Estados Unidos para repartir la cantidad de petróleo crudo que tanto China y como Estados Unidos en un momento dado pudieron reclamar para enviar a sus países.
Debemos recordar que hoy, del total de la producción que tiene Venezuela —que está por arriba del millón de barriles diarios—, el 80 % va hacia China, un porcentaje a Estados Unidos por miedo de Chevron y otro porcentaje se destina a Cuba. Hemos de entender que en el dado caso que China ya no tenga el 100 % de las exportaciones —o este 80 % que estamos hablando—, podría tener y deberá renegociar cómo le pagará a la nueva Venezuela la deuda que tiene hoy en día.
Entonces, China tendrá que voltear hacia Rusia, y Rusia tendrá que venderle el petróleo crudo con un mayor descuento del actual que tiene, para que China le pueda comprar, derivado de que China es uno de los principales compradores de petróleo crudo hacia Rusia. Hoy, y con este cambio que estamos observando, debemos entender la nueva geopolítica en el sector de los hidrocarburos.
Segundo, México queda entrampado en un mercado local en donde el incremento de la producción programada hacia el año 2030 es de 1.8 millones de barriles diarios y 5 millones de pies cúbicos diarios. Esto nos saca de la jugada y pone en riesgo las finanzas de Pemex al dejar de exportar petróleo crudo.
Esto es muy importante, derivado de que sólo se pretende exportar hacia el año 2030 no más de 400,000 barriles. Esto nos puede poner en un contexto, en este plazo que estamos platicando, en donde si Estados Unidos llega a incrementar la producción de Venezuela, alinea estos recursos hacia Estados Unidos y Canadá ya no exporta la misma cantidad, Estados Unidos podría decir: “México, no necesito tu petróleo crudo”.
Por lo tanto, México tendrá que venderlo a otros mercados con un mayor descuento y esto laceraría mucho a las finanzas públicas de Pemex. Hoy en día, Pemex depende del mercado local, pues del total de sus ingresos, 41% es de la venta de gasolina y diésel; sus exportaciones de petróleo crudo han descendido de un millón a menos de 500,000 barriles con el 19%; así como de la venta, sobre todo de exportación de combustóleo.
Hoy, Estados Unidos ha planteado que la administración de Venezuela será en conjunto con ellos y que aumentará sus inversiones para incrementar la producción y tener un petróleo crudo barato. El objetivo es que este petróleo crudo que llegue a Estados Unidos sea para tener gasolinas a menor precio y, con ello, controlar la inflación y y reducir las tasas de interés que tanto ha mencionado el presidente Trump. Y esto sería un punto atractivo mayoritario en Estados Unidos, derivado de que muchas empresas a nivel mundial estarían seguras en aquel mercado y veríamos una mayor inversión extranjera directa de muchos países en Estados Unidos.
Veremos a un Venezuela que podría ser parte fundamental, sobre todo, del reacomodo geopolítico dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), derivado de que sería un aliado de Estados Unidos dentro de esta organización, a sabiendas que el Medio Oriente hoy se está alineando con Estados Unidos en cuestiones económicas, financieras y, sobre todo, en el sector de energía.
Con todo esto, México tendría a un futuro —y acérrimo— competidor, que sería Venezuela, derivado del incremento de la producción de petróleo crudo, una mayor exportación de Venezuela y una posible falta de inversiones o de atracción de parte de México hacia compañías de Estados Unidos, sobre todo, en el sector de la extracción de hidrocarburos —ahora que dependemos mucho de los contratos mixtos de las inversiones de plantas de generación de electricidad por empresas privadas junto con las empresas del Estado—.
Por último, hoy hay que entender que en México debemos adaptarnos a las cuestiones geopolíticas que ocurren y que van a estar en el corto y en el mediano plazo influyendo en las próximas décadas. Hemos de entender que el sector de hidrocarburos, como bien dijo la Agencia Internacional de Energía, su pico máximo y posible declive de utilización del carbón, gas natural, petróleo y derivados será a partir del año 2050.
Con estos cambios en Venezuela, con la nueva estructura energética, con una Unión Europea que va a comprar gas natural a Estados Unidos y en el 2027 va a dejar de comprarle gas natural a Rusia, hemos de entender que un mercado local de autosuficiencia pone en riesgo a la compañía del Estado, derivado que gran parte de sus ingresos depende de la gasolina, diésel, que importa en su mayoría, y de la venta del petróleo crudo que exporta, sobre todo, a Estados Unidos y que, en un momento dado, tendría que reducir la cantidad de dinero que tenga que tener hoy en día la empresa del Estado.
Es el nuevo régimen geopolítico que se tiene hoy en día, y debemos entender que la energía es importante para el crecimiento de un país. La energía no conoce ideologías, no conoce administraciones. Lo que sí conoce es quién invierte en ella para un futuro en el largo plazo.
Resumiendo, Estados Unidos ha hecho una estrategia en América Latina para poder tener control, sobre todo, de la industria del petróleo crudo, sobre todo de la necesidad de tener petróleo crudo barato, gasolinas y combustibles baratos en Estados Unidos, controlar la inflación y, con esto, poder reducir las tasas de interés, poder negociar con sus pares, con Canadá y México, sobre cómo podrían comprar petróleo crudo a estos dos países. Sin olvidar que países de la OPEP, en un dado caso, pudieran incrementar la producción que Venezuela ya no destinaría al mercado chino. Y con esto podríamos ver un nuevo régimen y cambios, sobre todo, en los países del OPEP+.
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