En las últimas horas se ha observado que el precio del petróleo alcanzó los 117 dólares por barril, para posteriormente descender por debajo de los 105 dólares. Actualmente, los referentes internacionales Brent crude y West Texas Intermediate presentan valores prácticamente equivalentes, ya que el mercado responde a un mismo shock global de riesgo, lo cual reduce el diferencial entre ambos.
En situaciones de elevada tensión geopolítica, los operadores del mercado tienden a adquirir cualquier tipo de crudo dulce ligero disponible. Como resultado, tanto el Brent como el WTI experimentan incrementos de precio prácticamente equivalentes, y las diferencias logísticas dejan de ser relevantes en la formación de los precios.
A una semana del inicio del conflicto en la región de Medio Oriente, se ha registrado una variación considerable en los precios internacionales del petróleo crudo. Cabe destacar que el incremento cercano al 20 % está relacionado con riesgos reales de índole física y logística en el Estrecho de Ormuz, y no responde únicamente a factores especulativos.
Con el objetivo de reducir posibles riesgos, se prevé que durante esta semana se presenten indicadores de una recuperación gradual del tránsito marítimo. Sin embargo, es probable que este permanezca por encima de los niveles actuales de riesgo, los cuales se mantienen prácticamente paralizados.
Durante la semana marcada por el conflicto, el precio promedio del WTI se estableció en 74 dólares por barril, mientras que el Brent alcanzó aproximadamente los 100 dólares. Se estima que el valor del barril no debería superar los 95 dólares en promedio, ya que exceder este umbral podría ejercer presión negativa sobre la inflación en Estados Unidos. No obstante, debido a la participación directa de dicho país, existe cierto grado de control en el mercado. Cabe resaltar que el incremento observado responde a factores operativos y no a movimientos especulativos.
En la actualidad, el principal desafío no radica en la escasez de petróleo crudo o gas natural, sino en la logística de distribución hacia los destinos requeridos para su refinación, almacenamiento y utilización.
Existen dos variantes principales. Por un lado, los países productores del Medio Oriente han optado por reducir la producción a niveles que permitan almacenar el petróleo crudo en reservas estratégicas o en buques destinados a la exportación, esperando poder movilizarlos una vez que la crisis se resuelva.
Por otro lado, los países importadores, muchos de los cuales cuentan con reservas estratégicas físicas que cubren entre 80 y 200 días de consumo, dependen en gran medida del tránsito por el Estrecho de Ormuz. Países como China, Corea del Sur, India y Japón reciben entre el 80 % y el 84 % de sus importaciones totales de petróleo a través de este paso marítimo.
En algún momento, la situación actual llegará a su fin. Cuando ello ocurra, será necesario analizar cuál podría ser el escenario futuro para los países que dependen del mercado de los hidrocarburos, especialmente si la política energética internacional evoluciona bajo la doctrina de “Energy Dominance” impulsada por el presidente Donald Trump.
Según informes de la fuerza militar de Israel, aproximadamente el 80 % de las defensas aéreas iraníes han sido destruidas, mientras que la marina de Irán presenta un deterioro significativo. Estados Unidos mantiene actualmente una superioridad aérea casi total en la región, lo que representa un cambio sustancial en el equilibrio estratégico de Medio Oriente.
Ante un escenario de Irán debilitado, los demás países de la región continuarían impulsando la diversificación de sus economías, reduciendo progresivamente su dependencia del petróleo. En caso de que Irán experimente daños militares, económicos y un deterioro en sus relaciones regionales, podrían surgir diversos escenarios estratégicos relevantes para el sistema energético internacional.
A continuación se analizan algunos de ellos:
Irán pierde
Petróleo crudo
Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak se verían favorecidos por una mayor cuota de mercado y una mayor capacidad de la OPEP+ para gestionar los precios.
Por el contrario, Irán, Siria y China podrían verse afectados negativamente. Irán perdería ingresos energéticos, mientras que Siria y China dejarían de recibir crudo a precios preferenciales y tendrían que negociar con Rusia o Estados Unidos para obtener petróleo o gas natural. Asimismo, será necesario analizar el grado de afectación que ha sufrido la infraestructura energética iraní como consecuencia de los ataques.
Gas natural
Los principales beneficiados serían Qatar y Rusia. Qatar aumentaría su influencia en el mercado de gas natural licuado (GNL), mientras que Rusia consolidaría su posición en Asia.
Por otro lado, Irán vería reducido su potencial exportador y Turquía perdería oportunidades de diversificación energética vinculadas a los ductos que atraviesan su territorio.
Petroquímica
Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar incrementarían su presencia en el mercado petroquímico, sustituyendo a los productos iraníes en Asia y en la región de Medio Oriente y Norte de África (MENA). Irán perdería clientes y divisas, mientras que sus compradores buscarían nuevos mercados ante posibles sanciones.
Rutas marítimas (Ormuz)
Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur e India serían los principales beneficiados ante una disminución del riesgo de cierre del Estrecho de Ormuz.
Esto permitiría reducir las primas de seguros para las embarcaciones que transitan por dicho paso, impactando favorablemente en los costos del transporte global y contribuyendo a la reducción de la inflación mundial.
Irán, por el contrario, perdería su capacidad de coerción geopolítica mediante la amenaza de interrupción del tránsito marítimo.
Refinados y logística
Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita también se verían beneficiados en materia logística. Centros estratégicos como el puerto de Fujairah registrarían un mayor volumen de tránsito, almacenamiento y reexportación de productos energéticos hacia Asia y otros mercados.
Irán, en contraste, experimentaría una menor utilización de su infraestructura energética y portuaria, lo que afectaría negativamente el PIB del país.
Se identifican los siguientes actores principales:
Beneficiarios destacados:
- Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos: consolidan su influencia regional y aumentan su participación en el mercado petrolero.
- Estados Unidos y Europa experimentan una mejora en la seguridad energética y marítima.
- Israel: se beneficia de una disminución de presiones militares indirectas en Líbano y Siria.
- Qatar: incrementa su posición en el sector del gas natural si Irán resulta debilitado.
Actores afectados negativamente:
- Irán: ve reducida su influencia, sus ingresos energéticos y su capacidad negociadora.
- Hezbolá, Movimiento Hutí y milicias iraquíes sufren una disminución del apoyo financiero y logístico.
- China pierde acceso a un proveedor de crudo económico y a un socio geopolítico estratégico.
- Siria: podría quedar aislada si no logra adaptarse rápidamente al nuevo escenario regional.
Actualmente, en Irán, el 57 % de los ingresos nacionales provienen de la exportación de petróleo, lo que equivale aproximadamente al 16 % del PIB. El sector del gas natural representa el 12 % del PIB, mientras que la industria petroquímica aporta cerca del 6 %. En conjunto, el sector de hidrocarburos constituye aproximadamente el 32 % del producto interno bruto nacional.
En este contexto, podría hablarse de un renacimiento del sistema energético global, caracterizado por una redistribución del poder, nuevas rutas de suministro, cambios en la estructura de precios y una estabilización en el uso de combustibles fósiles.
Se prevé un nuevo equilibrio energético liderado por Estados Unidos, estableciendo alianzas económicas y financieras estratégicas con países del Medio Oriente. Israel podría posicionarse como un punto seguro para el tránsito de hidrocarburos hacia el mar Mediterráneo.
Por su parte, Rusia podría convertirse en un actor cada vez más dependiente de Asia para la comercialización de su producción energética, limitando considerablemente su acceso a mercados como China y, en menor medida, India. La dinámica dependerá en gran medida de los descuentos que se ofrezcan, dado que el mercado se encuentra limitado desde una perspectiva geográfica y energética.
Estados Unidos podría consolidar su control sobre la energía global hacia 2026, posicionándose como una especie de “banco central” de la energía internacional, al definir quién produce, cuánto produce y a qué precio. Este papel fortalecería la posición del dólar y el control sobre los flujos financieros internacionales.
Entre 2027 y 2040, Estados Unidos podría consolidar una hegemonía energética global sustentada en cuatro pilares: petróleo, gas natural, tecnología y control de rutas marítimas.
Esta hegemonía tendría el potencial de modificar profundamente el orden económico y geopolítico mundial.