China aprovechó el Foro Económico Mundial de Davos para proyectarse como un factor de estabilidad global, defendiendo el potencial económico de la energía eólica, solar y del almacenamiento en baterías. El mensaje contrastó con la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha insistido en acelerar la producción de petróleo y gas y dejar atrás lo que denomina energías verdes ineficientes.
Sin embargo, detrás del discurso chino hay una realidad que matiza su narrativa ambiental. El país asiático es hoy el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, quema más carbón que cualquier otra nación e importa más petróleo que ningún otro mercado. Estos datos muestran que su impulso a las energías limpias no responde exclusivamente a objetivos climáticos.
La transición energética, en el caso de China, tiene un fuerte componente económico y estratégico. El cambio global hacia sistemas bajos en carbono abre oportunidades de mercado que el país busca capitalizar, especialmente porque ya es el principal fabricante mundial de baterías, paneles solares y vehículos eléctricos, sectores clave para la economía del futuro.
Durante el encuentro en Davos, el viceprimer ministro chino He Lifeng fue explícito al invitar a “las empresas de todo el mundo a aprovechar las oportunidades que ofrece la transición ecológica y baja en carbono, y a colaborar estrechamente con China”, un llamado que refuerza la idea de liderazgo industrial más que de activismo ambiental.
Citado por el portal Inside Climete News, Steven Lewis, investigador transnacional sobre China del Instituto Baker de Política Pública, explica que en Pekín existe una preocupación estructural por la dependencia del petróleo y el gas provenientes de potencias extranjeras. En respuesta, el país ha acelerado la electrificación del transporte, construido una vasta flota de vehículos eléctricos y reducido de manera significativa sus importaciones de crudo.
Este enfoque también se refleja en su política exterior, el Estado chino ha invertido cientos de miles de millones de dólares en proyectos energéticos en países en desarrollo.
De acuerdo con un informe de Inside Climate News, en 2023 las inversiones chinas en energías renovables superaron por primera vez a las destinadas a combustibles fósiles desde que el programa inició a principios de los años 2000.
Aunque China fue responsable de cerca de un tercio de las emisiones globales en 2024, sus emisiones se estabilizaron en 2025, lo que sugiere un posible punto de inflexión.