De la pobreza energética al financiamiento climático: el reto de llevar la transición al territorio

Llevar los beneficios de la transición energética a quienes todavía no tienen acceso y conseguir que el capital llegue a los proyectos ambientales fueron dos de los retos que atravesaron las discusiones de México por el Clima

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La discusión también alcanzó una dimensión poco visible de la transición energética: qué ocurre con los equipos cuando dejan de funcionar.
La discusión también alcanzó una dimensión poco visible de la transición energética: qué ocurre con los equipos cuando dejan de funcionar.
Lesly Jiderth Sánchez Pineda

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Llevar los beneficios de la transición energética a quienes todavía no tienen acceso y conseguir que el capital llegue a los proyectos ambientales fueron dos de los retos que atravesaron las discusiones de México por el Clima, donde representantes del sector energético, empresarial y ambiental analizaron las condiciones necesarias para avanzar hacia un modelo más justo y sostenible.

Uno de los espacios de discusión estuvo dedicado a la pobreza energética, con una pregunta como punto de partida: ¿qué se necesita para que la transición energética llegue a quienes todavía no tienen acceso?

El planteamiento puso sobre la mesa que la transición energética no puede limitarse al crecimiento de las tecnologías limpias, sino que también debe considerar las condiciones y necesidades de las comunidades que enfrentan barreras para acceder a servicios energéticos.

Durante el panel se expusieron experiencias de organizaciones y cooperativas locales que conocen de primera mano las necesidades de sus territorios y que han identificado en los sistemas solares una alternativa para atenderlas.

Sin embargo, llevar estos proyectos a las comunidades implica enfrentar otro desafío: el financiamiento.

Desde la iniciativa privada se plantearon modelos que buscan ir más allá de una donación tradicional. Entre ellos se encuentran esquemas en los que las empresas financian la instalación de sistemas solares y mantienen durante varios años la operación, el mantenimiento y el monitoreo de los equipos.

También se abordó el modelo de PPA de impacto, mediante el cual organizaciones con mayor capacidad financiera pueden cubrir una tarifa por la energía —aunque sea menor a una tarifa comercial— mientras otra parte del costo se subsidia mediante una bolsa de donaciones.

Como parte de los proyectos mencionados durante el encuentro se encuentra la instalación de 37 paneles solares en Cancún, que actualmente ya están en funcionamiento.

El reto no termina con instalar un panel

La discusión también alcanzó una dimensión poco visible de la transición energética: qué ocurre con los equipos cuando dejan de funcionar.

Durante el panel se explicó que un panel solar puede tener una vida útil aproximada de 25 años, pero una falla tecnológica, una instalación deficiente o daños ambientales no necesariamente significan que deba convertirse inmediatamente en residuo.

A través de pruebas eléctricas puede determinarse si el equipo conserva capacidad para una segunda vida, abriendo la posibilidad de aprovechar nuevamente estos sistemas y reducir el desperdicio asociado a la infraestructura solar.

Esta discusión sobre el acceso a la energía y el aprovechamiento de la tecnología se conecta con un desafío mayor: cómo generar modelos financieros capaces de sostener proyectos ambientales en el largo plazo.

De la pobreza energética al financiamiento de la naturaleza

En este punto tomó relevancia la participación de Guillermo Hinojos, CEO de Nat 5, quien durante su intervención destacó que todavía existe un largo camino para consolidar los mecanismos de financiamiento que permitan llevar recursos a proyectos de conservación, restauración y regeneración.

“Necesitamos fortalecer las capacidades de financiamiento de esos proyectos”, afirmó.

Hinojos planteó que las empresas deben comenzar a mirar la naturaleza no solamente desde la perspectiva de la reputación corporativa o de la mitigación del riesgo reputacional, sino como un activo capaz de aportar valor y convertirse en una herramienta para fortalecer la solvencia de las propias empresas.

La idea apunta a modificar la relación entre capital y naturaleza: que la conservación deje de ubicarse únicamente en el terreno de la responsabilidad ambiental y pueda integrarse también en las decisiones de inversión y generación de valor.

Para el CEO de Nat 5, esto requiere construir una comunidad en la que participen desarrolladores de proyectos, empresas, gobiernos y otros actores con capacidad de decisión.

“La misión que tenemos nosotros como Nat 5 y como Nat 5 Live es conectar”, señaló.

Que el capital llegue al territorio

Uno de los principales planteamientos de Hinojos fue la necesidad de cerrar la brecha entre los discursos ambientales y la inversión efectiva.

“Necesitamos que el capital llegue a los proyectos de manera real”, enfatizó.

El reto, explicó, no consiste únicamente en desarrollar iniciativas con un discurso ambiental atractivo o campañas de comunicación con una imagen sostenible, sino en conseguir que los recursos se traduzcan en proyectos capaces de transformar las dinámicas económicas que actualmente presionan a los ecosistemas.

Hinojos puso como referencia que, por cada dólar que se invierte en restaurar y conservar, existen 34 dólares que destruyen la naturaleza.

Más que plantearlo como una disputa entre empresas responsables e irresponsables, el CEO de Nat 5 señaló que se trata de reconocer las condiciones económicas y territoriales que sostienen el modelo actual.

“Aquí no se trata de buenos y malos, no se trata de posturas. Se trata de realidades económicas, de realidades territoriales”, sostuvo.

Desde esa perspectiva, tanto el combate a la pobreza energética como el financiamiento de proyectos de naturaleza comparten un desafío: hacer que los recursos disponibles lleguen efectivamente a los territorios donde pueden generar un impacto.

La discusión desarrollada durante México por el Clima mostró así dos dimensiones de una misma transición. Por un lado, la necesidad de garantizar que las tecnologías limpias lleguen a comunidades que todavía enfrentan barreras de acceso a la energía. Por otro, la urgencia de construir mecanismos financieros que permitan sostener proyectos ambientales y convertir la conservación y regeneración en actividades capaces de generar valor.

Para Nat 5, el siguiente paso está en conectar a los actores que pueden hacer posible esa transformación y conseguir que el financiamiento pase del compromiso a la ejecución.

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