CENAGAS propone elevar el almacenamiento de gas natural a 10 días de consumo

El almacenamiento de gas se perfila como un seguro energético para México, al permitir sostener la generación eléctrica y la industria en momentos críticos.

Hace 16 horas
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Foto: Depositphotos

En su plan quinquenal más reciente, el Centro Nacional de Control del Gas Natural (CENAGAS) fijó como objetivo elevar el almacenamiento estratégico del país hasta el equivalente a 10 días de consumo nacional, un avance significativo frente a los niveles actuales, estimados en apenas 2.5 días.

La propuesta contempla el desarrollo de una cartera diversificada de proyectos de almacenamiento que incluya cavernas salinas, campos de gas agotados y sitios en superficie, distribuidos de manera estratégica en las regiones norte, centro y sur del país. La meta es contar con un “colchón” de gas ubicado cerca de los principales centros de consumo, capaz de responder ante contingencias como frentes fríos extremos, huracanes, mantenimientos programados o fallas en la red de gas de Texas, de la cual depende una parte sustancial del suministro nacional.

El enfoque de CENAGAS es gradual y técnico. El plan parte de la identificación de sitios viables desde el punto de vista geológico y ambiental, continúa con la integración de estos proyectos al Sistema de Transporte y Almacenamiento Nacional Integrado de Gas Natural (SISTRANGAS), y culmina con el diseño de esquemas regulatorios y comerciales que permitan distribuir riesgos entre el Estado y la iniciativa privada.

La justificación es clara: cada año, eventos climáticos o trabajos de mantenimiento en el sistema de gas de Estados Unidos generan alertas y restricciones que impactan directamente a México. Contar con inventarios estratégicos permitiría sostener la generación eléctrica y la actividad industrial sin recurrir a compras de emergencia a precios elevados, lo que convierte la meta de 10 días en un piso mínimo de seguridad energética, más que en un límite.

Desafíos e infraestructura

En términos de volumen, el desafío es considerable pero manejable por etapas. Con consumos que pueden rondar entre 9 y 10 mil millones de pies cúbicos diarios en momentos de alta demanda, alcanzar 10 días de almacenamiento implicaría desarrollar una capacidad equivalente de entre 90 y 100 mil millones de pies cúbicos, repartida en varios proyectos. El plan no plantea una ejecución inmediata, sino un escalamiento progresivo mediante clústeres regionales.

De acuerdo con el planteamiento, el norte del país podría priorizar el desarrollo de cavernas salinas; el centro, el aprovechamiento de yacimientos agotados con buena conectividad a la red; y el sur, soluciones vinculadas a la expansión de infraestructura como el gasoducto Southeast Gateway y el sistema Mayakán. Esta estrategia busca evitar la concentración en un solo proyecto y, en cambio, construir una red de almacenamiento con redundancia real.

El costo es uno de los principales cuestionamientos. Sin embargo, tanto CENAGAS como analistas del sector han subrayado que el valor de estos proyectos debe medirse en función de las pérdidas que permitirían evitar durante episodios de crisis. Cuando el suministro desde Texas se ve afectado, México suele enfrentar alzas en el precio del gas y, en algunos casos, la necesidad de recurrir al diésel para cubrir la generación eléctrica, con impactos directos en costos y emisiones.

Un sistema de almacenamiento estratégico no solo amortiguaría estos efectos, sino que también fortalecería la posición de negociación de los compradores nacionales. En ese sentido, el “seguro” de contar con reservas equivalentes a 10 días de consumo podría resultar más rentable que asumir los costos recurrentes de no tenerlas.

Para materializar el plan, será indispensable contar con una regulación robusta y capacidades técnicas adecuadas. Se requerirán reglas claras para la inyección y extracción de gas, estándares estrictos de seguridad, esquemas tarifarios transparentes y coordinación con entidades como CFEnergía y el CENACE, de modo que el gas almacenado pueda respaldar al sistema eléctrico en momentos críticos.

El reto ahora es traducir esta hoja de ruta en proyectos ejecutivos que puedan licitarse y construirse. Si los primeros desarrollos comienzan a operar entre 2026 y 2027, México podría iniciar la próxima década con una red de almacenamiento que reduzca de manera significativa la vulnerabilidad de su industria y de los hogares. Una infraestructura que, aunque no sea visible desde la carretera, se hará sentir cada vez que una contingencia climática o técnica ponga a prueba al sistema energético nacional.

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