Oferta petrolera presiona nuevas inversiones en shale y offshore hacia 2040

La declinación natural de los campos obliga a reforzar la producción, incluso en escenarios de menor demanda

MARZO 26 , 2026
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Foto: Hugo Estrada

La oferta global de petróleo está cayendo a un ritmo más acelerado que la demanda, lo que anticipa que, hacia 2040, será indispensable intensificar las inversiones en recursos como el shale y el offshore, considerados los más accesibles y estratégicos para sostener el suministro energético.

“Cuando analizamos la oferta de petróleo, lo que nosotros creemos es que vamos a necesitar más inversión para abastecer esa demanda incluso en los escenarios más agresivos de declinación. Esto se debe a que los campos petroleros registran caídas en su producción cada año a un ritmo más acelerado que la disminución en el consumo en todos los escenarios que proyectamos”, explicó Luciano Di Fiori, socio de McKinsey Energy Insights.

Durante su ponencia Perspectivas de negocios de la región Norteamérica, presentada en el marco de la Expo MEIH 2026, Di Fiori destacó que la demanda global actual ronda los 103 millones de barriles diarios, de los cuales aproximadamente 83 millones corresponden a petróleo crudo.

En este contexto, el especialista subrayó que la inversión en el sector energético se concentrará principalmente en dos tipos de recursos capaces de cubrir la mayor parte de la demanda futura. El primero es el shale, con fuerte presencia en Estados Unidos, Canadá y Argentina, caracterizado por su rápida capacidad de respuesta en producción.

El segundo corresponde a los desarrollos offshore, que abarcan regiones como Guyana, Surinam, Brasil, el oeste de África, así como nuevas fronteras en el Golfo de México y Colombia, donde se prevé un crecimiento relevante en los próximos años.

Di Fiori puntualizó que el shale continuará siendo una fuente clave en el corto plazo debido a su flexibilidad operativa; sin embargo, advirtió que hacia un horizonte de cinco a siete años este recurso podría alcanzar una meseta en su crecimiento, lo que obligará a las empresas a apostar con mayor decisión por proyectos offshore de mayor escala y maduración.

Este cambio en la dinámica de inversión refleja un desafío estructural para la industria energética global: compensar la declinación natural de los campos existentes mientras se atiende una demanda que, si bien podría estabilizarse, no desaparecerá en el mediano plazo.

Así, el equilibrio entre oferta y demanda dependerá no solo de la transición energética, sino de la capacidad de la industria para sostener niveles de inversión adecuados en recursos que garanticen el abasto mundial de petróleo en las próximas décadas.

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