México mantiene una alta dependencia del gas natural proveniente de Estados Unidos, particularmente de Texas, estado que concentra la mayor parte de las exportaciones del energético y de electricidad hacia el país. Actualmente, cerca del 70% del gas natural que se consume en México es importado desde el mercado estadounidense, una vulnerabilidad que vuelve a quedar en evidencia ante el episodio de frío extremo que afecta al norte del continente, de acuerdo con un análisis de Caraiva y Asociados y retomado en medios.
El gas importado es un insumo estratégico para el sistema energético nacional, ya que abastece a más del 60% de la generación eléctrica, además de ser clave para amplios sectores industriales. En este contexto, cualquier alteración en la oferta, demanda o precios en Estados Unidos tiene efectos inmediatos en la estabilidad del sistema eléctrico mexicano.
El análisis detalla que, durante la presente semana, la demanda interna de gas en Estados Unidos alcanzará alrededor de 156 mil millones de pies cúbicos diarios, muy por encima del promedio histórico de enero, que se sitúa en 137 mil millones. Este aumento responde principalmente al mayor consumo para calefacción ante temperaturas extremas, condiciones que también han comenzado a impactar la producción del energético.
Si bien los inventarios estadounidenses se mantienen relativamente sólidos, con 3 billones 65 mil millones de pies cúbicos almacenados al 16 de enero 6.1% por arriba del promedio histórico, la elevada velocidad de extracción reduce el margen de maniobra. En un escenario normal, ese volumen cubriría unos 33 días de consumo, pero con la demanda actual la cobertura efectiva se acorta a cerca de 22 días.
A ello se suma una reducción temporal en la producción de gas natural en Estados Unidos, estimada en aproximadamente 10 mil millones de pies cúbicos diarios, derivada del congelamiento de pozos y ductos. Las afectaciones se concentran principalmente en la Cuenca Pérmica, en el oeste de Texas, y en la región de Haynesville, dos de las zonas más relevantes para la producción de gas shale.
Texas vuelve a posicionarse como un punto crítico de la cadena energética. El consumo diario de gas en ese estado ronda los 14 mil millones de pies cúbicos, pero durante la tormenta invernal ha aumentado entre 15% y 20%, ejerciendo presión adicional sobre sus sistemas de almacenamiento. Al cierre de 2025, la capacidad subterránea del estado alcanzó 908.54 millones de pies cúbicos diarios, suficiente para cubrir cerca de 60 días de consumo promedio; sin embargo, bajo un escenario de alta demanda, ese periodo podría reducirse en alrededor de 10 días.
En términos de oferta, Texas produce cerca de 28.7 mil millones de pies cúbicos diarios de gas seco, por lo que su consumo interno representa menos de la mitad del total. El excedente se exporta principalmente a México, a través de gasoductos, con flujos de entre 7 y 8 mil millones de pies cúbicos diarios, además de envíos de gas natural licuado (GNL) a otros mercados. Esta interdependencia convierte al clima texano en un factor determinante para la seguridad energética mexicana.
Ante este escenario, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) opera como el principal amortiguador para los usuarios finales. La empresa mantiene un programa de coberturas financieras que protege entre 37% y 40% del consumo anual estimado de gas, con el objetivo de reducir la exposición a la volatilidad internacional.
Gracias al esquema de subsidios vigente, alrededor del 89% de los hogares no enfrenta impactos directos del precio del gas en su tarifa eléctrica, mientras que la Tarifa DAC se ajusta de forma mensual sin reflejar picos abruptos. Según Caraiva y Asociados, las coberturas contratadas por la CFE se ubican mayoritariamente en un rango de entre 2 y 4 dólares por millón de BTU, lo que ha permitido contener impactos financieros incluso en escenarios de estrés, a diferencia de lo ocurrido en 2021, cuando el frío extremo, la falta de coberturas y restricciones físicas derivaron en apagones y costos extraordinarios.
No obstante, más allá de la coyuntura, el episodio vuelve a poner de relieve un problema estructural: la elevada dependencia de México del gas natural estadounidense sigue siendo uno de los principales riesgos de su sistema energético. Aunque hoy existen mejores herramientas financieras, mayor planeación operativa y medidas preventivas en la infraestructura de gasoductos, la exposición a las condiciones climáticas y de mercado de Estados Unidos permanece prácticamente sin cambios.
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