El mundo enfrenta una crisis hídrica sin precedentes que está agravando de manera directa la desigualdad social. Más de 4 mil millones de personas padecen escasez grave de agua al menos un mes al año, una situación que golpea con mayor fuerza a comunidades vulnerables, zonas rurales y asentamientos urbanos marginados, advirtió un instituto de investigación de las Naciones Unidas.
De acuerdo con un informe del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH), numerosos sistemas de agua dulce, ríos, lagos y acuíferos, se están agotando a un ritmo mayor al de su capacidad natural de recuperación. Esta tendencia marca el inicio de una etapa que el organismo denomina “bancarrota hídrica global”, un escenario en el que la disponibilidad de agua deja de ser un derecho garantizado y se convierte en un factor de exclusión social.
El estudio señala que décadas de sobreexplotación, contaminación, degradación ambiental y los efectos del cambio climático han empujado a muchos sistemas hídricos más allá de un punto crítico. En este contexto, términos como “estrés hídrico” o “crisis del agua” resultan insuficientes para describir la magnitud del problema actual, ya que fueron concebidos como advertencias de un escenario que aún podía evitarse.
En este mismo sentido, para P&E, Oscar Rossbach, experto en temas hídricos y tratamiento de agua, destaca durante una entrevista exclusiva que, el acceso al agua potable se ha vuelto un privilegio, pues destaca el experto que la escasez hídrica es un tema de desigualdad social y territorial, ya que, áreas con las mejores economías tienen un mayor acceso al agua potable.
Cerca del 30% de las camas de hospital se encuentran ocupadas debido a enfermedades gástricas derivadas del tipo de agua que se consume o su mal tratamiento, menciona el experto en entrevista.
El agua como factor de desigualdad
Durante la entrevista, Oscar Rossbach hizo énfasis en quiénes recienten de forma mucho más directa el estrés hídrico. La escasez de agua no afecta a todos por igual. Mientras sectores con mayor poder adquisitivo pueden acceder a fuentes privadas, sistemas de almacenamiento o agua embotellada, millones de personas enfrentan cortes prolongados, suministro intermitente o agua de mala calidad. Esta brecha profundiza desigualdades preexistentes en salud, educación, productividad económica y calidad de vida.
En muchas regiones, la falta de acceso seguro al agua obliga a comunidades enteras a destinar horas diarias a su recolección, una carga que recae principalmente en mujeres y niñas. Además, la escasez incrementa el riesgo de enfermedades, limita el desarrollo económico local y genera conflictos sociales por el control del recurso.
Cerca de 1500 plantas de tratamiento de agua en México se encuentran abandonadas, vandalizadas o en desuso, esto impide totalmente que haya un tratamiento correcto del agua, ya que no es suficiente el uso de filtros, los filtros no potabilizan el agua, mencionó Rossbach.
El experto subraya el impacto directo del consumo del agua, detallando que, a niveles industriales, para fabricación de 1 solo rollo de papel, son necesarios 140 litros de agua; la industria textil por su parte es la que más agua requiere y para la fabricación de un solo par de jeans, son necesarios cerca de 7600 litros de agua, y para un automóvil, se requieren 150 mil litros de agua.
En respuesta a esto, las nuevas leyes de aguas, detallan que, solo será permitido el uso de aguas tratadas para procesos industriales, a excepción de la industria farmacéutica y la fabricación de alimentos, es por esto mismo, que en México existen pérdidas de inversiones extranjeras, debido a que, en países de ´primer mundo es primordial el uso de aguas tratadas en vez de agua subterranea para poder proteger lo poco de agua potable que queda.
El experto finalizó la entrevista, mencionando que el agua se recupera, pero es necesario tratarla correctamente para que pueda funcionar, e incluso resulta mucho más económico que el agua sea tratada antes que buscar nuevos yacimientos de agua subterránea.
Ante este panorama, expertos coinciden en que enfrentar la bancarrota hídrica global requiere no solo inversiones en infraestructura y tecnología, sino también políticas públicas que prioricen el acceso equitativo al agua como un derecho humano, especialmente para las poblaciones más vulnerables.