La transición hacia la movilidad eléctrica está abriendo nuevas oportunidades de negocio para el sector privado, particularmente en el desarrollo de infraestructura de carga, la gestión de la demanda eléctrica y la integración de sistemas de almacenamiento de energía. Así lo plantearon los participantes del panel “La dinámica de un nuevo sector eléctrico con la carga como bandera”, realizado durante el segundo día de Latam Mobility 2026 y moderado por Germán Sánchez, director editorial de Petróleo y Energía.
Durante la conversación, los especialistas coincidieron en que el crecimiento de la electromovilidad requiere superar una visión centrada exclusivamente en los vehículos y comenzar a concebir la infraestructura de carga como parte de un ecosistema energético más amplio, capaz de generar rentabilidad, optimizar el consumo eléctrico y atraer inversiones.
Hans Kohlsdorf, de Energy to Market, destacó que México enfrenta una importante necesidad de modernización, pero también una oportunidad para desarrollar nuevos modelos de negocio vinculados con la electrificación del transporte.
“Hay una gran necesidad de modernización y una gran oportunidad de negocio, y con la tecnología que hay actualmente, ya podemos aplicar las flotillas”, señaló.
La infraestructura de carga, una oportunidad para el sector privado
Uno de los principales ejes del panel fue la necesidad de construir un modelo de negocio sostenible para las estaciones de carga, en lugar de depender exclusivamente de la intervención gubernamental para desplegar infraestructura.
Uno de los participantes sostuvo que la experiencia de otros segmentos energéticos, como las gasolineras y las estaciones de gas natural vehicular, demuestra que las redes de suministro pueden desarrollarse mediante inversión privada cuando existen condiciones de mercado favorables.
Como ejemplo, mencionó el caso de Querétaro, donde el uso de gas natural en unidades de transporte público ha contribuido al desarrollo de infraestructura para abastecer flotillas. Esta experiencia, señaló, permite identificar oportunidades para replicar modelos de negocio vinculados con la electrificación del transporte.
Desde esta perspectiva, la infraestructura de carga debe responder a las necesidades reales de los usuarios y a las condiciones de rentabilidad de cada ubicación. Mientras que los corredores de larga distancia todavía representan un desafío para la inversión, las estaciones urbanas, los centros comerciales y los puntos de carga asociados con flotillas ofrecen alternativas para comenzar a ampliar la red.
El participante también destacó que algunos centros de carga instalados en zonas comerciales y avenidas de alta circulación, como Reforma y Palmas, en la Ciudad de México, comienzan a explorar esquemas de monetización mediante publicidad y otros servicios complementarios.
La clave, apuntó, consiste en estructurar modelos que permitan recuperar la inversión y aprovechar la infraestructura existente, sin asumir que el desarrollo de toda la red debe recaer en el gobierno.
De centros de carga a centros de energía
La integración de sistemas de almacenamiento fue otro de los temas centrales de la discusión. La posibilidad de almacenar electricidad y utilizarla en los horarios más convenientes puede contribuir a optimizar costos, administrar la demanda y mejorar la operación de la infraestructura de carga.
En este sentido, Alfonso Rodríguez, de Soventix, planteó la necesidad de ampliar la perspectiva con la que se diseñan estos proyectos.
“Un centro de carga se tiene que empezar a ver como un centro de energía, para poder aprovechar la infraestructura”, destacó.
Esta visión implica que las estaciones no se limiten a suministrar electricidad a los vehículos, sino que puedan integrar almacenamiento, gestión inteligente de la demanda y otros servicios energéticos que contribuyan a mejorar su viabilidad económica.
La diferencia de precios de la electricidad entre distintos horarios constituye una señal relevante para la operación de estos sistemas. Cuando las condiciones tarifarias lo permiten, cargar las baterías de los vehículos o de los sistemas estacionarios en periodos de menor costo puede generar eficiencias, siempre que se considere la disponibilidad de energía, la capacidad de conexión y las necesidades operativas de cada flota.
De esta manera, la electromovilidad puede convertirse en una herramienta para gestionar mejor la demanda eléctrica, en lugar de representar únicamente un incremento en el consumo de energía.
Certidumbre regulatoria para acelerar las inversiones
La regulación y la seguridad jurídica también ocuparon un lugar importante en el panel. Los participantes señalaron que la claridad de las reglas es fundamental para que inversionistas, fabricantes y desarrolladores tecnológicos puedan comprometer capital y planificar proyectos de largo plazo.
La incertidumbre regulatoria puede retrasar decisiones de inversión y limitar la disposición de los fabricantes a destinar recursos al desarrollo y adaptación de tecnologías para los mercados latinoamericanos.
En particular, se destacó la importancia de contar con equipos y sistemas de almacenamiento que cumplan con certificaciones técnicas y aprobaciones de los organismos correspondientes. Estos mecanismos permiten establecer condiciones mínimas de seguridad, confiabilidad y desempeño para las tecnologías que se integran a la red eléctrica.
La certificación, sin embargo, debe entenderse como parte de un proceso de evaluación técnica y no como una garantía absoluta de desempeño en cualquier circunstancia. La experiencia operativa, la interoperabilidad y el cumplimiento de los requisitos de conexión también resultan relevantes para consolidar la confianza en estas soluciones.
Para los panelistas, contar con reglas claras y criterios técnicos consistentes ayudaría a reducir barreras de entrada y a crear condiciones más favorables para el desarrollo de la electromovilidad.
Colombia y Chile, referentes para México
La conversación también puso sobre la mesa la importancia de aprender de las experiencias regionales. En lugar de buscar exclusivamente ejemplos en mercados lejanos, los participantes propusieron observar los avances registrados en países latinoamericanos que comparten desafíos económicos, regulatorios y de infraestructura.
Colombia y Chile fueron mencionados como referentes por sus experiencias en movilidad eléctrica, particularmente en el transporte público y la electrificación de autobuses.
Estos casos muestran que el desarrollo del sector requiere la participación coordinada de autoridades, operadores de transporte, empresas energéticas, fabricantes e inversionistas. También evidencian la importancia de evaluar las condiciones particulares de cada mercado antes de replicar una solución.
Entre los factores que deben analizarse se encuentran el costo de la electricidad, el precio de los combustibles, la inversión inicial en vehículos e infraestructura, los costos de operación y mantenimiento, y la disponibilidad de instalaciones para la carga de las unidades.

La comparación entre el costo por kilovatio-hora de distintos países y las condiciones económicas de las flotas puede ayudar a determinar en qué segmentos la electrificación ya resulta competitiva y dónde se necesitan nuevos mecanismos para reducir costos.
El análisis es especialmente relevante para los operadores de transporte público y de carga, cuyas decisiones dependen no solo del precio de adquisición de los vehículos, sino también del costo total de operación durante su vida útil.
La electrificación de flotillas, un punto de partida
Los participantes coincidieron en que las flotillas representan una oportunidad concreta para acelerar la adopción de vehículos eléctricos. A diferencia del uso particular, las operaciones comerciales suelen contar con recorridos, horarios y necesidades de carga más previsibles, lo que facilita dimensionar la infraestructura y evaluar su rentabilidad.
La combinación de vehículos eléctricos, estaciones de carga y almacenamiento puede permitir una mejor administración de la energía, especialmente cuando las empresas tienen capacidad para programar las recargas de acuerdo con sus ciclos operativos y las condiciones del mercado eléctrico.
No obstante, la viabilidad de cada proyecto depende de variables como el kilometraje diario, los tiempos de permanencia de los vehículos, la potencia disponible, las tarifas eléctricas y el costo de instalación de los equipos.
Por ello, los panelistas plantearon la importancia de construir modelos de negocio que partan de las necesidades específicas de cada operación y que permitan identificar oportunidades de inversión a partir de datos, costos y resultados verificables.
Un mercado que requiere inversión, innovación y colaboración
El panel “La dinámica de un nuevo sector eléctrico con la carga como bandera” dejó sobre la mesa una conclusión: la expansión de la electromovilidad en México y América Latina dependerá tanto de la incorporación de vehículos eléctricos como de la capacidad de desarrollar una infraestructura energética rentable, confiable y adaptable a las condiciones de cada mercado.
El almacenamiento, la gestión de la demanda, las certificaciones técnicas y la certidumbre regulatoria aparecen como elementos fundamentales para consolidar este ecosistema. Al mismo tiempo, las experiencias de Colombia, Chile y México ofrecen referencias para identificar oportunidades y diseñar soluciones acordes con las necesidades regionales.
Más que esperar a que el sector público asuma por sí solo el despliegue de la infraestructura, los especialistas defendieron la necesidad de que la iniciativa privada participe con capital, tecnología y modelos de negocio sostenibles.
En este escenario, los centros de carga pueden evolucionar hacia plataformas de servicios energéticos que integren almacenamiento, administración inteligente de la electricidad y nuevas fuentes de ingresos. Para México, el reto consiste en transformar estas oportunidades en proyectos concretos que permitan acelerar la electrificación del transporte y fortalecer la participación del país en la nueva dinámica energética de América Latina.