El mundo atraviesa una crisis hídrica sin precedentes, con más de 4 mil millones de personas que padecen escasez grave de agua al menos un mes al año, advirtió un instituto de investigación de las Naciones Unidas. El organismo alertó que numerosos sistemas de agua dulce, ríos, lagos y acuíferos se están agotando a un ritmo superior al de su capacidad natural de recuperación, lo que marca el inicio de una etapa que denomina “bancarrota hídrica global”.
De acuerdo con un informe del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH), décadas de sobreexplotación, contaminación, degradación ambiental y el impacto del cambio climático han empujado a muchos sistemas hídricos más allá de un punto crítico. El documento sostiene que conceptos como “estrés hídrico” o “crisis del agua” ya no reflejan la magnitud del problema actual, pues fueron concebidos como advertencias de un escenario que aún podía evitarse.
El autor del informe, Kaveh Madani, director de UNU-INWEH, señaló que muchas regiones del planeta están utilizando más recursos hídricos de los que pueden sostener. Aunque aclaró que no todos los países han llegado a este nivel, afirmó que existen suficientes sistemas de agua en estado crítico como para modificar de manera profunda el panorama global de riesgos.
El estudio identifica como zonas especialmente afectadas al Oriente Medio, el norte de África, partes del sur de Asia y el suroeste de Estados Unidos, donde el río Colorado y sus embalses se han convertido en ejemplos de una disponibilidad de agua que fue sobreestimada durante décadas.
Entre los datos más relevantes del informe se destaca que más de la mitad de los grandes lagos del mundo han perdido volumen desde la década de 1990; alrededor del 50 % del agua de uso doméstico y más del 40 % del riego agrícola dependen de aguas subterráneas; y el 70 % de los principales acuíferos presenta una tendencia sostenida de agotamiento. Además, en los últimos 50 años han desaparecido 410 millones de hectáreas de humedales, se ha perdido más del 30 % de la masa glaciar global desde los años setenta y decenas de grandes ríos dejan de llegar al mar durante ciertos periodos del año.
Las consecuencias humanas de esta situación ya son visibles. Entre 2022 y 2023, más de 1.800 millones de personas vivieron en condiciones de sequía, mientras que la desaparición de humedales ha generado pérdidas económicas estimadas en 5,1 billones de dólares anuales por servicios ecosistémicos no recuperados.
Madani advirtió que la bancarrota hídrica tiene un alcance global debido a su impacto en la agricultura y los sistemas alimentarios, altamente interconectados a través del comercio internacional y los precios. En ese contexto, el informe insta a que se reconozca formalmente este fenómeno y se entienda no solo como un problema ambiental, sino como una cuestión de justicia social, con profundas implicaciones políticas y económicas.
En la misma línea, Tshilidzi Marwala, subsecretario general de la ONU y rector de la Universidad de las Naciones Unidas, señaló que la crisis del agua se está convirtiendo en un factor clave de fragilidad social, desplazamientos forzados y conflictos, por lo que requiere atención prioritaria de los gobiernos y una respuesta coordinada a nivel multilateral.