Los sismos representan una de las principales amenazas para la infraestructura eléctrica de la capital del país. De acuerdo con el especialista José Luis Pastén Rodríguez, explica mediante una tesis de Ingeniería eléctrica para la UNAM, que la magnitud y duración de un movimiento telúrico pueden provocar desde interrupciones momentáneas del servicio hasta daños severos en redes de transmisión y distribución, especialmente en una ciudad donde predomina la red aérea.
La experiencia histórica, marcada por terremotos de gran magnitud como el de 1985 (8.1 grados Richter), ha demostrado la vulnerabilidad de los sistemas eléctricos ante estos fenómenos. En aquel evento, además de los daños en edificaciones, se registraron afectaciones significativas en la red de distribución eléctrica, principalmente por la fragilidad de postes, líneas y equipos instalados a cielo abierto.
Alta tensión: estructuras más seguras, pero no infalibles
En el caso de las torres de alta tensión y las líneas de transmisión, el diseño moderno ha incorporado medidas para reducir riesgos, como el control de la catenaria la curvatura natural del cable entre torres y el reforzamiento estructural. Gracias a ello, salvo en escenarios extremos, estas instalaciones suelen resistir los sismos. Sin embargo, un terremoto de gran magnitud podría generar choques entre líneas, afectando de forma inmediata a las subestaciones reductoras y, en cadena, a la distribución eléctrica en amplias zonas de la ciudad.
Aunque en los sismos recientes no se han reportado daños graves en subestaciones, especialistas advierten que un evento similar o mayor al de 1985 sí podría dañar componentes clave como aisladores, apartarrayos, transformadores, cortacircuitos y otros equipos esenciales para la operación del sistema.
Sismos moderados también generan riesgos
No sólo los grandes terremotos representan un peligro. Movimientos de magnitud intermedia, entre 6.5 y 7.5 grados Richter, frecuentes en la capital, han provocado choques entre líneas de mediana y baja tensión. Estas fallas pueden derivar en cortocircuitos, elevaciones de voltaje y daños irreparables en transformadores, así como afectaciones a equipos industriales y domésticos.
Uno de los problemas más persistentes es el deterioro de postes de concreto reforzado con décadas de antigüedad. Muchos de ellos, instalados desde la década de 1950, presentan varillas expuestas y pérdida de resistencia estructural. Los movimientos telúricos aceleran su desgaste, aumentando el riesgo de colapso. Además de sostener cables eléctricos, estos postes suelen cargar líneas telefónicas y de televisión, lo que incrementa el peligro para peatones y automovilistas.

Transformadores y postes, puntos críticos
Otra consecuencia observada tras sismos moderados es el desplazamiento de transformadores aéreos sobre sus plataformas de soporte. Este “recorrido” puede dejarlos al borde de caer, representando un riesgo inmediato para la población y la continuidad del servicio eléctrico. En zonas donde estas líneas abastecen a varias colonias, una sola falla puede dejar sin energía a miles de usuarios.
Especialistas coinciden en que la ciudad enfrenta un reto urgente: renovar la infraestructura envejecida. La sustitución de postes deteriorados por modelos de nueva generación y la revisión constante de líneas y transformadores son medidas clave para reducir riesgos ante futuros sismos.
Planeación y prevención, la clave
Ante un escenario sísmico permanente, la planeación preventiva se vuelve indispensable. Invertir en mantenimiento, modernización y evaluación periódica de la red eléctrica no sólo garantiza la continuidad del servicio, sino que también protege a la población de accidentes derivados de fallas estructurales. En una ciudad sísmica como la de México, la resiliencia eléctrica es, hoy más que nunca, un asunto de seguridad pública.