Venezuela continúa contando con algunas de las mayores reservas probadas de petróleo a nivel mundial. Una recuperación de la producción a niveles históricos podría incidir significativamente en los mercados globales de crudo, reduciendo potencialmente los precios actuales. No obstante, este proceso enfrenta considerables desafíos derivados de años de desinversión y del deterioro de la infraestructura, lo que incrementa el riesgo político asociado. En consecuencia, no se prevé una solución sencilla.
Adicionalmente, factores geopolíticos —como la confiscación de buques petroleros sancionados por parte de Estados Unidos y su intervención en las ventas de crudo venezolano— añaden complejidad al panorama. Por otra parte, los precios vigentes del petróleo no constituyen un incentivo suficiente para atraer nuevas inversiones de las grandes compañías occidentales.
En este contexto, una posible reactivación requeriría financiamiento proveniente de capital privado, condicionado a las garantías que pueda proporcionar la administración estadounidense. La reunión programada en la Casa Blanca sirvió como escenario para plantear ciertas condiciones destinadas a incentivar la inversión.
Durante su intervención ante representantes de grandes empresas petroleras y comerciantes, el presidente Donald Trump calificó a dichas compañías como socios estratégicos para revitalizar el sector energético venezolano. Señaló que la participación sería voluntaria, pero competitiva, y mencionó que, en caso de no recibir inversiones, existen otros candidatos dispuestos a asumir dichos roles.
El mensaje fue claro: la apertura del sector petrolero en Venezuela se encuentra bajo la influencia de Estados Unidos, y las empresas que decidan participar con prontitud podrán acceder a oportunidades relevantes y obtener retornos sobre su inversión.
Actualmente, las empresas enfrentan incertidumbre respecto a la forma óptima de invertir, minimizando los riesgos financieros, de seguridad y regulatorios, así como sobre las garantías de que lo invertido podrá recuperarse en el futuro. Persiste la interrogante de si las compañías previamente expropiadas podrán recuperar sus activos incautados o si existirá una compensación por parte del gobierno de Estados Unidos, en un plazo determinado, por los montos adeudados por Venezuela.
Varias empresas estadounidenses han operado históricamente en entornos adversos en distintos países y continentes, afrontando desafíos políticos, conflictos bélicos y ausencia de certeza jurídica. Muchas de ellas han logrado mantenerse debido a que el petróleo y el gas son productos con alta capacidad de recuperación comercial de la inversión en el corto y mediano plazo.
El sector energético es esencial para la economía global, como se evidenció en 2020, y posteriormente en 2022, cuando influyó de manera significativa en el desempeño económico mundial. En ambos periodos, muchas economías tuvieron que adaptarse para asegurar el suministro de derivados del petróleo y gas natural en diversas actividades productivas.
En 2007, Venezuela alcanzaba una producción superior a los 3 millones de barriles diarios, respaldada por una infraestructura que aún permanece disponible, pero que requiere reactivación debido a la falta de mantenimiento. A partir de ese año, las expropiaciones de activos de empresas extranjeras y el control total asumido por el gobierno vigente marcaron el inicio del descenso en la producción petrolera, situándose para mediados de 2016 por debajo de los 2 millones de barriles diarios. En 2019, este declive se intensificó, reduciendo la producción a entre 500,000 y 550,000 barriles diarios al cierre de 2020.
Durante 2023 comenzaron inversiones progresivas con el apoyo de Chevron (26 de noviembre de 2022, a través de la Licencia General 41 –GL 41– emitida por la OFAC), aprovechando permisos especiales para la exportación de crudo. Estas acciones permitieron incrementar la producción promedio a un rango de entre 950,000 y 1 millón de barriles diarios hacia finales de 2025, lo que representa un aumento aproximado de entre 300,000 y 400,000 barriles diarios en el periodo señalado.
En los primeros días de enero de 2026, se reportó una caída del 14% en la producción, descendiendo a unos 830,000 barriles diarios. Esta disminución respondió a recientes bloqueos navales y a nuevas presiones políticas internacionales, que impactaron tanto la capacidad de almacenamiento como la gestión de reservas estratégicas, obligando a reducir temporalmente el volumen producido.
Venezuela contará con el respaldo del gobierno de Estados Unidos; sin embargo, el secretario del Interior, Doug Burgum, presidente del Consejo Nacional de Dominio Energético de la Casa Blanca, ha dejado en claro que no se destinarán fondos públicos para la reconstrucción del sector petrolero venezolano. Burgum señaló que las necesidades financieras, estimadas en decenas de miles de millones de dólares durante la próxima década, deberán ser cubiertas por empresas privadas y los mercados de capital. En este sentido, Estados Unidos proporcionará seguridad y un entorno operativo estable, en lugar de mecanismos de control directo.
El principal tipo de petróleo crudo exportado por Venezuela es el Merey 16, una mezcla distintiva de crudo pesado y extrapesado. Este predominio responde a las siguientes consideraciones:
Ubicación de las reservas. La mayor parte de las reservas probadas de Venezuela, estimadas en aproximadamente 303,000 millones de barriles, se localizan en la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), donde se produce principalmente crudo pesado y extrapesado. El costo operativo directo de producción de un barril de petróleo crudo equivalente en la Faja suele oscilar entre 20 y 22 dólares. No obstante, el umbral de rentabilidad total —que considera gastos operativos, transporte y regalías— puede ser considerablemente superior, situándose en alrededor de 80 dólares por barril.
Características físicas y químicas. El Merey 16 presenta entre 8 y 16 grados API. Su alta viscosidad impide el flujo natural; por lo que, es necesario utilizar diluyentes o mejoradores para facilitar su transporte por tuberías. Además, posee un elevado contenido de azufre y metales; al tratarse de un crudo ácido, su procesamiento resulta más complejo y costoso en comparación con los crudos ligeros y dulces.
Adaptación a refinerías especializadas. A pesar de calificarse como un crudo de manejo más desafiante, el Merey 16 es apreciado por ciertas refinerías altamente especializadas, como las ubicadas en el Golfo de México —incluidas instalaciones operadas por Chevron—, diseñadas para procesar eficientemente crudos pesados y ácidos, obteniendo productos de alto valor agregado como el diésel.
Estrategia de mezclado. Para su comercialización internacional bajo la denominación Merey 16, Venezuela mezcla el crudo extrapesado del Orinoco con crudos más ligeros o diluyentes, optimizando la viscosidad requerida conforme a los estándares de la cesta de la OPEP.
Considerando lo expuesto, para reactivar la producción bajo las condiciones señaladas se requeriría lo siguiente:
- Inversión extranjera directa. La incorporación de empresas petroleras internacionales resulta esencial, ya que aportan capital, tecnología y experiencia indispensables para la revitalización del sector. Para ello, es necesario garantizar entornos económicos, jurídicos y políticos sólidos que reduzcan los riesgos inherentes a la inversión.
- Levantamiento de sanciones. Las sanciones impuestas por países como Estados Unidos han restringido notablemente las operaciones y exportaciones. El alivio o eliminación total de estas sanciones constituye un requisito fundamental para habilitar exportaciones adicionales y facilitar asociaciones con compañías extranjeras.
- Rehabilitación de infraestructura. Se requiere una intervención integral que contemple la modernización de la infraestructura física, incluidas refinerías, sistemas de almacenamiento y seguridad industrial, muchos de los cuales presentan un elevado deterioro tras años de subinversión y mantenimiento insuficiente.
- Acceso a diluyentes. Para la explotación eficiente del crudo pesado de la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO) es imprescindible asegurar un suministro confiable y suficiente de diluyentes (crudo ligero), actualmente uno de los principales factores limitantes para aumentar la producción.
- Modernización y tecnología. La limitada inversión tecnológica ha afectado negativamente la eficiencia operativa. Es indispensable modernizar los procesos de exploración, producción y refinación, con el fin de optimizar el desempeño operativo y mejorar el factor de recobro de los yacimientos.
- Marco legal y transparencia. Resulta vital establecer un marco jurídico claro y que proteja las inversiones y defina con precisión las responsabilidades de la contraparte venezolana (PDVSA u otras entidades), facilitando la generación de confianza entre las partes involucradas.
La implementación de estas medidas requerirá tiempo y esfuerzo. Se estima que la recuperación significativa de la capacidad productiva del sector petrolero y gasífero venezolano demandará varios años. Sin embargo, este objetivo es alcanzable conforme a lo expuesto, siempre que exista voluntad de cambio y se cuente con condiciones técnicas y operativas adecuadas, dejando de lado consideraciones ideológicas o políticas.
El desempeño de un campo petrolero no depende de intenciones políticas, sino del trabajo de ingenieros, técnicos, operadores y de todo el personal vinculado al sector de los hidrocarburos. La introducción de factores ideológicos genera incertidumbre y puede traducirse en costos elevados no previstos, además de incrementar el riesgo de fracaso de los proyectos.
Venezuela podría posicionarse como un fulcro estratégico del mercado mundial de petróleo crudo en las próximas décadas.
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