Las principales empresas energéticas del mundo comenzaron a buscar rutas alternativas para el transporte de crudo y gas natural licuado (GNL), luego de que el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz cumpliera cuatro días prácticamente paralizado tras ataques atribuidos a Irán contra cinco buques comerciales.
El cierre de esta arteria estratégica, por donde circula alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y GNL, ha generado una disrupción sin precedentes en los flujos energéticos globales, obligando a petroleras, comercializadoras y navieras a rediseñar sus trayectos para cumplir con contratos en Asia, Europa y otros mercados clave.
De acuerdo con datos de seguimiento marítimo de Vortexa, el tránsito de petroleros por el estrecho se redujo a apenas cuatro buques el 1 de marzo, un día después del inicio de las hostilidades, frente a un promedio de 24 embarcaciones diarias registradas desde enero. Tres de los cuatro barcos que cruzaron son de origen iraní, lo que refleja la magnitud del freno en la circulación internacional.
La petrolera estatal saudí Saudi Aramco, por ejemplo, intenta redirigir parte de sus exportaciones de crudo hacia el Mar Rojo para evitar el paso por el Estrecho de Ormuz, donde el riesgo de nuevos ataques iraníes ha llevado el tráfico marítimo a niveles mínimos, de acuerdo con fuentes citadas por la agencia de noticias Reuters.
La maniobra busca mantener el suministro hacia sus principales clientes sin exponer sus cargamentos a mayores riesgos.
Mientras tanto, cientos de petroleros cargados de crudo y GNL permanecen varados en las inmediaciones de centros estratégicos de almacenamiento y distribución, como el puerto de Puerto de Fujairah, sin poder avanzar hacia sus destinos finales en Asia y Europa.
La situación se agravó tras un ataque con dron que impactó un tanque de combustible en el puerto comercial de Duqm, en Omán, y un incendio registrado en Fujairah, uno de los principales centros petroleros de la región, lo que ralentizó el reabastecimiento de combustible de los buques.
Este escenario podría desplazar temporalmente la demanda hacia otros hubs energéticos como Singapur, incrementando costos logísticos y tiempos de entrega.
Ante la escalada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la Marina estadounidense podría comenzar a escoltar petroleros a través del Estrecho de Ormuz si fuera necesario, además, indicó que ordenó a la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos proporcionar seguros contra riesgo político y garantías financieras para el comercio marítimo en el Golfo.
La medida representa uno de los pasos más agresivos de la administración estadounidense para contener el alza de los precios energéticos en medio del conflicto en Medio Oriente, que ha elevado los riesgos para la navegación en rutas estratégicas y presionado al mercado global de hidrocarburos.
Otro elemento que complejiza el traslado de los energéticos es la cancelación de pólizas vigentes y el aumento en las tarifas de compañías especializadas en cobertura por riesgos de guerra marítima ante la creciente probabilidad de ataques, destrucción o secuestro de buques.
Estas pólizas, contratadas de manera independiente a los seguros tradicionales, incluyen cláusulas de cancelación con preaviso de siete días, lo que permite ajustar la cobertura cuando el riesgo cambia de forma sustancial, como ocurre actualmente en el Estrecho de Ormuz.