La Copa Mundial de la FIFA 2026 enfrenta serias dudas sobre su sostenibilidad ambiental, a pesar de la promoción de un modelo basado en infraestructura existente y criterios ecológicos.
Uso de estadios existentes y expansión del torneo
La FIFA ha destacado que el Mundial 2026 utilizará principalmente estadios ya construidos en Canadá, Estados Unidos y México, presentando esta estrategia como una opción más responsable con el medio ambiente. Sin embargo, especialistas señalan que la sostenibilidad no depende solo de evitar nuevas construcciones.
La ampliación del torneo de 32 a 48 selecciones y de 64 a 104 partidos aumenta significativamente la movilidad de jugadores, personal y aficionados. Además, la dispersión geográfica de las sedes en Norteamérica limita los beneficios ambientales derivados del uso de infraestructura existente.
Emisiones indirectas y transporte aéreo
Las emisiones de alcance 3, que incluyen las indirectas generadas por actividades relacionadas con el evento, concentran gran parte de la preocupación ambiental. Estas emisiones provienen principalmente del transporte aéreo entre ciudades distantes como Vancouver, Miami y Ciudad de México.
Estimaciones indican que el transporte podría representar más del 85 % de la huella de carbono total del Mundial. Informes especializados calculan que el torneo podría superar los nueve millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, superando así las emisiones de ediciones anteriores.
Consumo energético y condiciones climáticas
Las altas temperaturas previstas en varias sedes añaden un desafío adicional. Para mantener condiciones adecuadas para jugadores y espectadores, algunos estadios requerirán un uso intensivo de aire acondicionado, lo que incrementa el consumo energético y las emisiones asociadas.
Esta situación revela una paradoja climática: mientras el fútbol se adapta a los efectos del calentamiento global, las medidas adoptadas pueden agravar el problema ambiental.
Perspectivas para la sostenibilidad del fútbol
Expertos coinciden en que la sostenibilidad del deporte dependerá de cambios estructurales profundos. Entre las propuestas destacan reducir las distancias entre sedes, limitar el crecimiento del torneo y priorizar el impacto ambiental sobre los objetivos comerciales.
En conclusión, aunque el Mundial 2026 incorpora elementos de responsabilidad ambiental, su escala y logística plantean retos significativos que ponen en entredicho su sostenibilidad real.