Las restricciones estadounidenses impiden que terceros países suministren combustible y servicios a las aerolíneas iraníes. La medida afecta las conexiones internacionales y añade presión a un mercado energético ya tensionado por la situación en el estrecho de Ormuz.
Las nuevas sanciones de Estados Unidos contra el sector de la aviación iraní comenzaron a tener efectos este miércoles 23 de septiembre, con la suspensión de vuelos hacia distintos destinos de Medio Oriente y Eurasia.
De acuerdo con información de AFP citada por medios internacionales, las aerolíneas iraníes suspendieron conexiones con Bagdad, Mascate, Qatar, Georgia y Azerbaiyán, mientras que algunas rutas hacia otros destinos, entre ellos China, continuaban disponibles.
La medida forma parte de una nueva fase de las sanciones estadounidenses. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que las empresas que presten servicios a las aerolíneas iraníes podrían enfrentar sanciones, incluyendo restricciones dentro del sistema financiero estadounidense. Entre los servicios afectados se encuentran el suministro de combustible, servicios de aterrizaje y operaciones en aeropuertos.
El combustible se convierte en un punto crítico
El impacto no se limita a la cancelación de vuelos. Una de las principales consecuencias de las nuevas restricciones es que las aerolíneas iraníes pueden tener dificultades para obtener combustible de aviación fuera de Irán.
Para una aerolínea internacional, disponer de combustible en los aeropuertos de destino es indispensable para mantener una red de vuelos de largo alcance. Si los aeropuertos o proveedores de combustible deciden evitar operaciones con compañías iraníes para no exponerse a sanciones estadounidenses, las rutas internacionales se vuelven más difíciles de operar.
Esto explica por qué algunas conexiones están siendo suspendidas mientras otras permanecen activas. China, por ejemplo, continúa siendo uno de los destinos donde se mantienen operaciones iraníes, aunque el alcance futuro de estas conexiones dependerá de la posición de los países y empresas involucradas.
El problema energético va más allá de los aviones
La restricción al combustible de aviación ocurre en un momento particularmente delicado para los mercados energéticos de la región.
El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, es uno de los principales puntos de tránsito energético del mundo. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, durante el primer semestre de 2025 atravesaron el estrecho alrededor de 20.9 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos y aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo.
El gas natural también depende de esta ruta. Más de 20% del comercio mundial de gas natural licuado (GNL) transitó por Ormuz durante el primer semestre de 2025, principalmente procedente de Qatar. China, India, Japón y Corea del Sur se encuentran entre los principales destinos de estos flujos energéticos.
Por ello, cualquier restricción que afecte de manera significativa el tránsito normal de combustibles por la región puede tener repercusiones mucho mayores que las relacionadas exclusivamente con Irán.
¿Qué puede ocurrir con los precios de la energía?
El primer efecto de una reducción del suministro o del tránsito sería un aumento de la incertidumbre en los mercados petroleros y de gas.
Si los cargamentos tienen que esperar, cambiar de ruta o reducir sus movimientos, los compradores pueden buscar suministros alternativos. Esto puede elevar los costos de transporte, seguros y almacenamiento y, dependiendo de la magnitud y duración de la interrupción, trasladarse a los precios internacionales.
La capacidad de sustituir el petróleo que normalmente pasa por Ormuz tampoco es ilimitada. La EIA estima que los oleoductos de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán ofrecen rutas alternativas con una capacidad conjunta aproximada de 4.7 millones de barriles diarios, muy inferior al volumen que normalmente atraviesa el estrecho.
Petróleo, combustibles y transporte
Una interrupción del suministro de crudo no necesariamente genera de inmediato una escasez de gasolina, diésel o combustible para aviones, porque existen inventarios y otras fuentes de abastecimiento. Sin embargo, si la interrupción se prolonga, las refinerías que dependen de crudo proveniente del Golfo pueden enfrentar mayores costos o dificultades para mantener sus niveles de producción.
El impacto podría sentirse especialmente en Asia, debido a que 89% del petróleo crudo y condensado que atravesó Ormuz durante el primer semestre de 2025 tuvo como destino mercados asiáticos, principalmente China, India, Japón y Corea del Sur.
En paralelo, una menor disponibilidad de combustible de aviación puede incrementar los costos de las aerolíneas y presionar las tarifas aéreas, particularmente en rutas que dependen de aeropuertos de Medio Oriente para repostar o realizar conexiones.
Una presión que se suma a otra
La situación actual combina dos problemas diferentes pero relacionados: por un lado, las sanciones están restringiendo el acceso de las aerolíneas iraníes a combustible y servicios aeroportuarios internacionales; por otro, el conflicto regional mantiene bajo presión una de las principales rutas de transporte de petróleo y gas del planeta.
El tráfico marítimo por Ormuz ya muestra una reducción significativa. Reuters informó que durante un fin de semana reciente solamente 17 buques de materias primas atravesaron el estrecho, frente a 37 la semana anterior y un promedio previo al conflicto de alrededor de 125 buques diarios. Aun así, algunos cargamentos de petróleo continúan transitando.
El resultado es un escenario en el que aviación, petróleo, gas y transporte marítimo están cada vez más vinculados. Las sanciones contra las aerolíneas iraníes tienen un efecto directo sobre los vuelos, pero el riesgo energético de mayor alcance está relacionado con la continuidad del flujo de combustibles por las rutas marítimas del Golfo Pérsico.