La transición energética en México avanza con un doble objetivo: acelerar la incorporación de fuentes limpias sin comprometer la confiabilidad del suministro eléctrico. Aunque el Gobierno de México busca que 38% de la generación eléctrica provenga de energías renovables para 2030, el gas natural continuará ocupando un lugar estratégico dentro del sistema energético nacional.
Así lo reflejan diversos instrumentos de planeación publicados en los últimos meses, entre ellos el Segundo Informe de Labores 2025-2026 de la Secretaría de Energía (Sener), el Plan de Desarrollo del Sector Hidrocarburos, el Programa Institucional de CENAGAS 2026-2030 y el Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional.
El mensaje es consistente: mientras la energía solar y la eólica aumentan su participación, el gas natural seguirá funcionando como el principal respaldo operativo del sistema eléctrico mexicano.
La Sener plantea incrementar la participación de las energías renovables del 24% actual al 38% en 2030, una meta que forma parte de la estrategia gubernamental de soberanía energética.
El plan contempla incorporar alrededor de 32 mil megawatts (MW) adicionales al Sistema Eléctrico Nacional durante la presente década.
De ese total, aproximadamente:
- 22 mil MW corresponderán a proyectos renovables.
- Cerca de 8 mil MW provendrán de nuevas centrales de ciclo combinado impulsadas por la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Aunque el peso de las energías limpias crecerá, la estructura actual del sistema explica por qué el gas natural mantiene un papel central.
De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), 61% de la electricidad generada en México proviene de centrales de ciclo combinado alimentadas con gas natural, lo que convierte a este combustible en la principal fuente de generación eléctrica del país.
Durante la conferencia matutina del 8 de abril, la secretaria de Energía, Luz Elena González Escobar, sostuvo que acelerar el despliegue de energías renovables permitirá reducir gradualmente la participación de los combustibles fósiles, aunque reconoció que la demanda de gas continuará creciendo debido a la construcción de nuevas centrales y al desarrollo industrial.
¿Por qué el gas sigue siendo necesario?
Uno de los principales retos del sistema eléctrico radica en la naturaleza variable de las energías renovables.
La generación solar depende de la radiación disponible durante el día, mientras que la eólica está condicionada por la intensidad del viento, factores que no siempre coinciden con los momentos de mayor consumo eléctrico.
De acuerdo con análisis de McKinsey, conforme aumenta la participación de fuentes intermitentes, los sistemas eléctricos requieren tecnologías capaces de responder rápidamente cuando disminuye la generación renovable.
Las centrales de ciclo combinado alimentadas con gas natural cumplen precisamente esa función, gracias a su capacidad para entrar en operación y ajustar su producción con mayor rapidez que otras tecnologías térmicas convencionales.
Por un lado, busca acelerar la incorporación de capacidad renovable para elevar su participación en la matriz eléctrica durante los próximos años.
Por otro, mantiene una fuerte apuesta por el gas natural como elemento indispensable para garantizar la estabilidad del sistema mientras aumenta la demanda eléctrica impulsada por la industria, la digitalización y el desarrollo tecnológico.
En este escenario, la infraestructura gasífera deja de entenderse únicamente como un componente del sector hidrocarburos para convertirse en un elemento clave del funcionamiento del Sistema Eléctrico Nacional, en un momento en que la confiabilidad del suministro adquiere un papel determinante para la competitividad y el crecimiento económico del país.
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