La publicación de los formatos para solicitar permisos para participar en los distintos segmentos de la industria de biocombustibles amplía las perspectivas de un sector que podría reducir la contaminación, impulsar el campo y disminuir la dependencia de combustibles extranjeros.
Un análisis del Centro Mario Mlonina señala que usando bien los biocombustibles, México puede contribuir a resolver los problemas globales y jugar un papel de liderazgo demostrando el uso responsable de sus recursos.
El lunes 31 de agosto, en el el Diario Oficial de la Federación (DOF) se úblicaron estos formatos que contemplan ocho permisos distintos: producción, importación, comercialización, almacenamiento, distribución, transporte, expendio al público y exportación de biocombustibles.
La medida aterriza en trámites concretos la Ley de Biocombustibles publicada el 18 de marzo de 2025 y su reglamento, emitido en octubre del mismo año, con los que el gobierno federal estableció una nueva regulación para esta industria.
También incluye una autorización específica para la producción o aprovechamiento de estos energéticos, además de las bitácoras que deberán mantener los participantes para reportar sus operaciones.
Entre los combustibles considerados en los nuevos formatos aparecen biogás, biometano, bioturbosina, bioetanol y biodiésel.
De acuerdo con IMARC el tamaño del mercado de biocombustibles en México alcanzó los 1.3 mil millones de dólares en 2025. IMARC Group calcula que el mercado alcance los 3.8 mil millones de dólares para 2034, exhibiendo una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 12.38% durante el período 2026–2034.
En México se producen principalmente bioetanol y biodiésel, además de proyectos incipientes de biogás y bioturbosina, aunque el nivel de producción nacional es bajo y avanza con lentitud frente a su potencial agroindustrial.
Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), México produce solo una fracción del biocombustible que podría generar con su capacidad agrícola. Actualmente, el país genera etanol a pequeña escala, principalmente en Veracruz, Jalisco y Oaxaca, a partir de caña de azúcar y sorgo.
Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos o Brasil, México no cuenta con un mandato nacional de mezcla obligatoria que impulse la demanda.
El caso del biodiésel es aún más limitado, se han desarrollado experiencias piloto con aceite usado, jatropha curcas y grasa animal, pero no han escalado debido a la falta de estímulos fiscales, infraestructura de recolección y mercados seguros. En 2024, la producción formal de biodiésel fue menor a 30 millones de litros, en contraste con los más de 3,000 millones que produce Brasil anualmente.
La Secretaría de Energía reconoció en su “Prospectiva de Energías Renovables 2023–2037” que la falta de regulación clara, incentivos fiscales y certidumbre jurídica han ralentizado el desarrollo de este sector.
Además, Pemex no ha integrado estos combustibles en su sistema logístico ni ha promovido una transición tecnológica en sus refinerías para su mezcla o distribución.