China aprovechó el Foro Económico Mundial de Davos para proyectarse como un factor de estabilidad global, defendiendo el potencial económico de la energía eólica, solar y del almacenamiento en baterías. El mensaje contrastó con la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha insistido en acelerar la producción de petróleo y gas y dejar atrás lo que denomina energías verdes ineficientes.
Sin embargo, detrás del discurso chino hay una realidad que matiza su narrativa ambiental. El país asiático es hoy el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, quema más carbón que cualquier otra nación e importa más petróleo que ningún otro mercado. Estos datos muestran que su impulso a las energías limpias no responde exclusivamente a objetivos climáticos.