Pemex y la política del silencio: derrames, omisiones y falta de transparencia

El reciente derrame en el Golfo de México reabre cuestionamientos sobre la gestión de riesgos, la opacidad institucional y las fallas estructurales dentro de la petrolera estatal

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Pemex admite culpa por derrame en el Golfo de México: omisiones, fallas estructurales y responsabilidad política
Pemex admite culpa por derrame en el Golfo de México: omisiones, fallas estructurales y responsabilidad política

El derrame de hidrocarburo en el Golfo de México, que de acuerdo con estimaciones de diversos organismos ambientales, ya alcanza 930 kilómetros de línea de costa, y que inició en febrero de este año, se suma a una serie de accidentes en la infraestructura energética de Petróleos Mexicanos (Pemex) que han sido manejados con escasa transparencia.

Luego de casi dos meses y medio de minimizar el impacto y proporcionar información limitada sobre el desastre ambiental, las autoridades energéticas del país admitieron la responsabilidad de las emanaciones de petróleo registradas cerca de la zona de plataformas petroleras de Abkatún.

Sin embargo, la falta de transparencia y de atención oportuna observada en este caso no es un hecho aislado. Se trata de una práctica recurrente en otros incidentes dentro de la infraestructura de la empresa estatal, advierte Gonzalo Monrroy, analista energético y director general de la consultora GMEC, en entrevista para Daily Energy.

Desde que pobladores de la costa de Veracruz reportaron la presencia de hidrocarburo en playas durante los primeros días de marzo, la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó que el derrame fuera responsabilidad de Pemex. En la misma línea, Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, atribuyó inicialmente la contaminación a embarcaciones privadas, negando una posible responsabilidad directa de las instalaciones petroleras en la zona.

Mientras tanto, los daños socioambientales continuaron expandiéndose y fueron organismos independientes los que, en primera instancia, alertaron sobre la falta de transparencia por parte de las autoridades, en particular de Pemex, así como sobre la ausencia de una respuesta oportuna ante la magnitud del desastre.

Durante la conferencia de prensa en la que finalmente se admitió la responsabilidad de la empresa, el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, detalló que la fuga se originó en un oleoducto de 36 pulgadas y que había presencia de hidrocarburo desde el 6 de febrero, sin que la empresa tuviera registro previo.

Además, el propio titular de la petrolera reconoció que la información no fluía internamente, al señalar que tuvo que solicitarla por oficio a distintas áreas para conocer la magnitud de las afectaciones.

El especialista en energía también recordó otros accidentes relevantes en la historia reciente de Pemex, como el incendio en la plataforma Abkatún Alfa, que dejó siete personas fallecidas, la explosión por una toma clandestina en Tlahuelilpan, y los incidentes más recientes en la refinería Olmeca, en Dos Bocas, Tabasco: el primero, un incendio el 17 de marzo derivado del desbordamiento de aguas aceitosas que provocó la muerte de cinco personas y un derrame en el Río Seco; y el segundo, el 9 de abril, con un incendio en una bodega de coque.

En este contexto, Gonzalo Monrroy señala que existe un patrón preocupante en la gestión de crisis dentro de la petrolera:

“Si recordamos en 2022, Pemex tuvo una fuga muy importante de gas natural en el complejo Ku-Maloob-Zaap. Si no hubiera sido por imágenes satelitales del programa de emisiones de metano de Google, Pemex hubiera pretendido que ahí no había pasado nada. Pemex ha tomado una política de que, si nadie se entera, lo pone debajo de la alfombra”.

Asimismo, subrayó que el problema no se limita a errores operativos aislados, sino a una falla estructural dentro de la organización:

“No puede ser que un derrame de estas magnitudes sea responsabilidad de tres personas. Sabemos, por las propias palabras de Víctor Rodríguez Padilla, que la información no fluyó y que se tomaron decisiones sin informar a los mandos superiores. Hay toda una cadena de responsabilidades”.

Monrroy enfatizó la necesidad de un replanteamiento profundo en la estrategia de la empresa. 

“Pemex tendrá que ser honesto, no solamente con el gobierno, sino con la nación, de que las cosas no están funcionando. No se trata solo de construir nuevas refinerías como Dos Bocas, sino de invertir en lo que verdaderamente hace falta. Tenemos que hablar estructuralmente de por qué Pemex no ha podido invertir en mantenimiento y por qué la frecuencia y gravedad de los incidentes sigue aumentando. Pemex, para bien o para mal, ha sido utilizado como una herramienta de balance fiscal, y eso también explica parte del problema”.

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María Fernanda Navarro

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