México podría enfrentar un déficit de 11.9 gigawatts (GW) en capacidad de generación eléctrica hacia 2030, un escenario que pondría presión sobre la expansión industrial y el crecimiento de la demanda energética contemplados en el Plan México, de acuerdo con un análisis publicado por Moody’s Ratings.
La calificadora considera que, si bien el sector eléctrico ha registrado avances importantes en el desarrollo de nuevos proyectos, la planeación actual podría quedarse corta frente al ritmo real de consumo que requerirá la economía durante la segunda mitad de la década.
Uno de los elementos destacados por Moody’s es la reciente adjudicación de cerca de 8 GW de capacidad renovable realizada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), un volumen superior a la meta inicial de 6.5 GW planteada en el primer proceso bajo el nuevo esquema de inversión mixta.
Sin embargo, el análisis advierte que estos proyectos no serían suficientes para cubrir la demanda prevista hacia 2030, ya que la planeación oficial considera un crecimiento anual del consumo eléctrico de 2.5%, un ritmo que la calificadora estima conservador frente al potencial de expansión industrial y económica.
Infraestructura y regulación siguen siendo retos
Además de la capacidad de generación, Moody’s identifica varios factores estructurales que continúan limitando el desarrollo del sector energético.
Entre ellos destacan:
- incertidumbre regulatoria;
- altos costos de la energía;
- brechas en infraestructura;
- baja productividad.
Según el reporte, estos elementos reducen la capacidad del país para atraer inversión productiva de manera sostenida y ampliar la infraestructura necesaria para acompañar el crecimiento de industrias estratégicas.
El análisis también señala que la participación del sector privado en proyectos energéticos ha mostrado un comportamiento desigual.
Moody’s atribuye esta situación a factores como los riesgos de ejecución, la incertidumbre regulatoria y las limitadas garantías de pago, particularmente en proyectos relacionados con Petróleos Mexicanos (Pemex).
Este entorno, considera la calificadora, puede influir en el ritmo con el que se desarrollen nuevas inversiones para ampliar la capacidad energética del país.
El papel de la inversión pública
La calificadora también vincula el desempeño del sector energético con el comportamiento de la inversión pública.
De acuerdo con el análisis, el gasto público promedio de las últimas décadas se ha ubicado en torno al 3.1% del Producto Interno Bruto (PIB), un nivel que considera insuficiente para impulsar aumentos sostenidos en productividad y crecimiento económico.
A este panorama se suman desafíos como la elevada informalidad laboral y el bajo crecimiento de la productividad, factores que limitan la formación de capital y la capacidad de innovación.
Moody’s advierte que el crecimiento económico también condiciona la capacidad del Estado para financiar infraestructura estratégica.
El reporte prevé que la deuda pública superará el 52% del PIB en 2026, mientras los costos financieros continúan aumentando, un escenario que podría reducir el margen fiscal disponible para nuevas inversiones.
En un contexto marcado por el desarrollo de centros de datos, la relocalización de cadenas productivas, el crecimiento manufacturero y la expansión de la demanda eléctrica, la capacidad para incorporar nueva infraestructura de generación y transmisión se perfila como uno de los principales retos del sistema energético mexicano.
Para México, el desafío no se limita a instalar más capacidad de generación, sino a construir una infraestructura eléctrica que acompañe el crecimiento industrial, fortalezca la seguridad energética y permita responder a una demanda cada vez más intensiva en tecnología y consumo eléctrico.Moody’s advierte que el crecimiento económico también condiciona la capacidad del Estado para financiar infraestructura estratégica.
El reporte prevé que la deuda pública superará el 52% del PIB en 2026, mientras los costos financieros continúan aumentando, un escenario que podría reducir el margen fiscal disponible para nuevas inversiones.
En un contexto marcado por el desarrollo de centros de datos, la relocalización de cadenas productivas, el crecimiento manufacturero y la expansión de la demanda eléctrica, la capacidad para incorporar nueva infraestructura de generación y transmisión se perfila como uno de los principales retos del sistema energético mexicano.
Para México, el desafío no se limita a instalar más capacidad de generación, sino a construir una infraestructura eléctrica que acompañe el crecimiento industrial, fortalezca la seguridad energética y permita responder a una demanda cada vez más intensiva en tecnología y consumo eléctrico.