El gobierno de Estados Unidos completó la primera venta de petróleo venezolano por un monto cercano a 500 millones de dólares, en lo que representa un giro relevante en la estrategia energética de la administración del presidente Donald Trump, luego de la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Funcionarios estadounidenses confirmaron que se esperan nuevas ventas en los próximos días y semanas, aunque los términos completos del acuerdo permanecen parcialmente reservados.
La portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, calificó la operación como parte de un “histórico acuerdo energético con Venezuela”, negociado tras el arresto del exmandatario venezolano. Según la administración Trump, el esquema beneficiaría tanto a Estados Unidos como al pueblo venezolano; sin embargo, el anuncio ha generado cuestionamientos públicos y legales sobre su viabilidad, legalidad y reconocimiento internacional.
Volúmenes, precios y proyecciones
De acuerdo con estimaciones oficiales, el plan contempla que Estados Unidos reciba entre 30 y 50 millones de barriles de crudo venezolano, en asociación con empresas petroleras estadounidenses. El volumen equivale aproximadamente a uno o dos meses de la producción actual de Venezuela, que ronda los 800 mil barriles diarios, tras un prolongado colapso productivo desde 2017.
La primera transacción, concretada entre el 13 y 14 de enero, se valuó en alrededor de 500 millones de dólares, con un precio promedio estimado de 50 a 65 dólares por barril, correspondiente en su mayoría a crudo pesado de la Faja del Orinoco
Uno de los puntos más controvertidos del acuerdo es la restricción de uso de los ingresos: según Trump, Venezuela solo podrá utilizar los recursos obtenidos para comprar productos estadounidenses. Esta condición implica, entre otros efectos:
- Limitación al acceso a medicamentos y bienes no producidos en EE.UU.
- Exclusión de importaciones desde Asia, Europa y América Latina.
- Dependencia estructural de proveedores estadounidenses.
- Riesgo de precios más altos por falta de competencia internacional.
Dudas del sector privado
Las reservas del sector petrolero internacional quedaron en evidencia durante la reunión en la Casa Blanca. El CEO de ExxonMobil, Darren Woods, afirmó que Venezuela no es actualmente viable para la inversión, recordando que la empresa sufrió dos olas de expropiaciones en procesos previos de nacionalización. Cualquier regreso, subrayó, requeriría “cambios significativos en los sistemas legales y en las estructuras comerciales”.
La producción venezolana cayó de 3 millones de barriles diarios en 2005 a 800 mil barriles en 2024, tras años de mala gestión, sanciones internacionales y falta de inversión. Estimaciones citadas por analistas señalan que, incluso con un alivio de sanciones tras la salida de Maduro, la producción podría llegar a 1.1–1.2 millones de barriles diarios a finales de 2026.
Impacto regional y presión sobre Cuba
El nuevo esquema energético también ha tenido repercusiones regionales, particularmente en Cuba, que recibía de Venezuela unos 35 mil barriles diarios, equivalentes a la mitad de su consumo. Tras la captura de Maduro y las nuevas restricciones, ese suministro se redujo drásticamente. Reportes indican incluso la confiscación de tanqueros venezolanos en aguas internacionales por autoridades estadounidenses.
En paralelo, México redujo sus envíos de petróleo a Cuba de 22 mil a 7 mil barriles diarios, bajo presión de Washington. Analistas interpretan estas acciones como parte de una estrategia para asfixiar energéticamente a la isla.
Las consecuencias humanitarias ya son visibles: apagones de hasta 12 horas, colapso del transporte público, crisis hospitalaria por falta de combustible para generadores y afectaciones al sector agrícola. Para algunos observadores, el impacto sobre Cuba no sería un efecto colateral, sino un objetivo implícito de la estrategia estadounidense en Venezuela.
La incógnita ahora es si la comunidad internacional aceptará este nivel de presión económica y humanitaria sobre la población civil, en un contexto de reconfiguración del mapa energético y geopolítico en la región.