Por: Alonso García Puentes
Más allá del impacto político del acontecimiento, el elemento verdaderamente estructural es el control efectivo sobre 303,000 millones de barriles de petróleo, un volumen que equivale a cerca del 20% de las reservas globales y que, hasta ahora, ha permanecido en gran medida subexplotado.
En términos energéticos, lo ocurrido marca un punto de inflexión histórico: el país con más petróleo del planeta producía apenas 1 millón de barriles diarios, menos del 1% del suministro global, una cifra marginal frente a su potencial técnico y geológico. La captura de Maduro introduce un nuevo escenario en el que el control del territorio, de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) y de la infraestructura petrolera se convierte en el factor clave que determinará el papel de Venezuela en el mercado energético internacional.
El petróleo venezolano: abundancia extrema, producción mínima
Venezuela es un caso único en la historia del petróleo moderno. Ningún otro país presenta una brecha tan profunda entre reservas certificadas y producción efectiva. Antes de 2013, el país producía más del doble de su nivel actual, y a finales de los años noventa superaba los 3.5 millones de barriles diarios, posicionándose como uno de los grandes estabilizadores del mercado mundial.
La caída productiva no fue resultado de agotamiento geológico, sino de deterioro operativo: falta de inversión sostenida, abandono de campos, obsolescencia de refinerías y colapso progresivo de la infraestructura de transporte y mejoramiento de crudo pesado. Hoy, Venezuela bombea muy por debajo de lo que sus reservas permitirían, lo que explica por qué su interrupción no genera, por ahora, un shock inmediato en los precios internacionales.
Control del petróleo y reacción del mercado
Pese a la magnitud del evento, el mercado petrolero ha reaccionado con contención. La razón es clara: Venezuela hoy no produce suficiente petróleo como para alterar el equilibrio global de oferta y demanda en el corto plazo. El mercado descuenta el presente, no el potencial.
Además, el contexto global está marcado por temores de sobreoferta. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) ha incrementado la producción, en tanto la demanda global se ha moderado debido a presiones inflacionarias y ajustes económicos post-pandemia. En este entorno, el crudo venezolano puede ser sustituido temporalmente por otros productores, lo que limita reacciones abruptas en precios.
Sin embargo, esta lectura es incompleta si se analiza únicamente el corto plazo. El verdadero impacto de la captura de Maduro no está en lo que Venezuela produce hoy, sino en lo que podría volver a producir bajo un nuevo esquema de control y gestión.
Valor estratégico del crudo pesado venezolano
El interés energético internacional —y particularmente de Estados Unidos— se explica por la naturaleza del petróleo venezolano. Se trata mayoritariamente de crudo pesado y extrapesado, con alto contenido de azufre, indispensable para la producción de diésel, asfaltos y combustibles industriales.
El diésel enfrenta una escasez estructural a nivel mundial, y este tipo de crudo es crítico para su producción. Muchas refinerías del hemisferio occidental fueron diseñadas específicamente para procesar petróleo venezolano y operan con mayor eficiencia cuando lo utilizan frente a crudos más ligeros.
Estados Unidos, aunque es el mayor productor de petróleo del mundo, genera principalmente crudo ligero, ideal para gasolina pero menos adecuado para ciertos derivados industriales. Desde una perspectiva estrictamente técnica, el crudo venezolano complementa de forma natural la capacidad de refinación existente.
Ventaja logística y costos competitivos
A la ecuación técnica se suma una ventaja logística clave: proximidad geográfica. Venezuela se encuentra a corta distancia de los principales complejos de refinación del Golfo de México, lo que reduce costos de transporte y tiempos de suministro. Además, su crudo suele comercializarse con descuentos debido a su complejidad, lo que lo vuelve especialmente atractivo para refinerías con capacidad de conversión profunda.
La recuperación operativa de la industria venezolana permitiría optimizar cadenas de suministro, estabilizar mercados de diésel y reducir presiones en productos refinados críticos, con efectos que irían más allá del mercado del crudo.
Un punto de inflexión para el control energético
La captura de Maduro deja abierta una pregunta central para el mercado energético global: ¿qué modelo de control y gestión adoptará Venezuela sobre su petróleo? Desde la perspectiva del sector, la variable decisiva no es ideológica, sino operativa: inversión, mantenimiento, tecnología y capacidad de ejecución.
Analistas del sector coinciden en que, si se habilita la reconstrucción técnica de la industria, Venezuela podría reintroducir millones de barriles diarios adicionales en el mediano plazo. Esto convertiría al país en uno de los factores más influyentes para la estabilidad del mercado petrolero global en las próximas décadas.
El petróleo como eje del nuevo escenario venezolano
En un mundo que avanza hacia la transición energética, pero que sigue dependiendo profundamente de los hidrocarburos, Venezuela representa una de las mayores reservas estratégicas disponibles. El control efectivo de su petróleo, más que cualquier otro elemento, definirá su rol futuro.
Lo ocurrido con la captura de Maduro no es sólo un evento interno: es un reordenamiento del tablero energético global. El impacto real no se medirá en días ni en semanas, sino en la capacidad de transformar una riqueza petrolera extraordinaria en producción sostenible, infraestructura funcional y suministro confiable para el mundo.