El accidente nuclear de la Central Nuclear de Fukushima Daiichi en 2011 cambió la política energética japonesa. Antes de este evento, la energía nuclear representaba aproximadamente el 30% de la generación de electricidad del país y se consideraba parte fundamental para poder reducir la dependencia a los combustibles fósiles importados.
Sin embargo, a partir de este momento, el gobierno japonés se vio en la necesidad de cerrar de manera temporal los reactores nucleares y aumentó la importación de gas licuado, petróleo y carbón. Esto nos creó un dilema, ¿cómo garantizar la seguridad energética del país cumpliendo al mismo tiempo los compromisos climáticos?
Para hacer frente a los desafíos mencionados, desde el año 2017 el gobierno japonés ha apostado por el hidrógeno como uno de los pilares de su estrategia energética de largo plazo. A través de la Estrategia Básica del Hidrógeno, se plantea que este recurso se convierta en el eje central de su sistema energético. La estrategia tiene cuatro objetivos:
- Fortalecer la seguridad energética mediante la diversificación de fuentes de suministro.
- Avanzar en la descarbonización.
- Promover la innovación tecnológica.
- Reforzar la competitividad internacional de las empresas japonesas vinculadas al hidrógeno.
¿Cuáles han sido los avances hasta ahora? Se crearon pilas para vehículos y residenciales relacionadas con el hidrógeno. Además, el gobierno japonés creó un Fondo de Innovación Verde, de 800 millones de yenes, para el desarrollo de tecnologías y cadenas de suministro, así como para buscar nuevas aplicaciones en el transporte marítimo y aéreo.
Aunque durante el año 2022 hubo un acontecimiento que afectó el mercado de los energéticos: la invasión de Rusia a Ucrania. Este evento aceleró las inversiones con respecto al hidrógeno en diferentes países, aumentando la competencia entre ellos. Ante este cambio, el gobierno japonés actualizó su estrategia: se concentró en garantizar la seguridad energética, promover la innovación tecnológica para ser competitivos en la industria y avanzar en el proceso de descarbonización. Otro de los cambios es que el gobierno japonés decidió incluir otros derivados como el amoníaco, el e-metano y combustibles sintéticos.
Entonces, ¿en dónde se encuentra Japón? En este momento está en una fase de transición; es decir, se encuentra en un momento de investigación y experimentación tecnológica. A pesar de que es uno de los países que lidera el desarrollo de la economía basada en el hidrógeno, presenta limitaciones importantes, como los costos con respecto a la infraestructura y a la necesidad de compra del hidrógeno en mercados internacionales.
Ejemplo de lo anterior es el proyecto H2orbill en Sarawak, Malasia, desarrollado por inversionistas tanto malasios como japoneses. De manera original se tenía como objetivo que se produjera 90,000 toneladas anuales de hidrógeno para su exportación a Japón.
Desafortunadamente, los subsidios que necesita el proyecto para los costos logísticos no se materializaron. Esto porque, a pesar de que producir el hidrógeno en esta región es relativamente barato, los costos de comprimirlo, enfriarlo, almacenarlo y transportarlo incrementan demasiado su precio final, haciendo poco viable la premisa de exportación masiva. El proyecto se mantiene, pero a una escala local y se están evaluando otras formas de comercialización como el metanol, que es más barato transportar.
Pero, ¿por qué es tan relevante esta estrategia para Japón? La apuesta política en torno al hidrógeno no responde solamente a objetivos medioambientales, sino se encuentra estrechamente vinculada con la soberanía nacional japonesa. Hay que señalar que Japón es un país que históricamente ha tenido la necesidad de importar combustibles y ha tenido bajos niveles de autosuficiencia energética. Por lo que, esta política busca quitar esta dependencia, fortalecer su seguridad energética y preservar su capacidad industrial y tecnológica.
Es por lo anterior que para este año 2026 podemos esperar que Japón intensifique acuerdos internacionales con países aliados de la región para asegurar el suministro energético. Aunado a lo anterior, el gobierno japonés deberá alejarse de la idea de usar el hidrógeno para todo y priorizar ciertos sectores estratégicos (como química o transporte marítimo), manteniendo una visión pragmática en función de su seguridad energética.