Mientras el gobierno de Canadá está dispuesto a poner a prueba su capacidad para infligir daño económico a Estados Unidos el de México lleva una relación cautelosa para evitar represalias por parte de la gestión de Donald Trump. Y la relación energética entre cada país es el elemento diferenciador que dirige las decisiones comerciales y diplomáticas.
El gobierno de Mark Carney amenazó con cortar el suministro de electricidad y minerales esenciales a Estados Unidos, luego de que las negociaciones comerciales entre ambos fracasaron a finales de la semana pasada, y de que Estados Unidos impusiera nuevos aranceles del 50% a productos canadienses por valor de 20 mil millones de dólares.
El gobierno de Canadá anunció el martes pasado una serie de aranceles sobre 700 productos de Estados Unidos en respuesta a las medidas similares que ha tomado el presidente Donald Trump en las últimas horas. Los aranceles anunciados por Canadá van en un rango de entre el 15% y el 50% y entrarán en vigor a la medianoche del 8 de septiembre.
Estados Unidos y Canadá intercambian energía por valor de 95 mil millones de dólares anuales y en algunos estados este comercio llega a representar entre el 5% y el 15% de su PIB, según una investigación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
En 2024 Estados Unidos importó 33.2 millones de megavatios-hora (MWh) de electricidad, de los cuales 27.2 millones provinieron de Canadá y el resto de México.
Aunque esta cifra representa menos del 1% del consumo total de electricidad estadounidense, su impacto es significativo en ciertos estados, especialmente los fronterizos con su vecino del norte como Nueva York, Michigan y Minnesota
La última afrenta del presidente estadounidense al país del Maple fue firmar una orden ejecutiva para cambiarle el nombre al lago Ontario, que ahora se llamará lago América
Al firmar la orden el jueves en el Despacho Oval, Trump dijo que no era un mensaje directo a Canadá, sino que el vecino del norte de Estados Unidos «nos ha estado estafando durante mucho tiempo en materia comercial».
El fracaso de las negociaciones comerciales la semana pasada entre los dos países fue la gota que derramó el vaso de un conflicto que tiene bastante tiempo alimentado por declaraciones agresivas por parte de Trump hacia la soberanía de Canadá.
El caso de México
El caso de México no es para nada similar y eso ha provocado que las negociaciones con Estados Unidos sean profundamente cautas por parte del gobierno de Claudia Sheinabaum.
Desde el año 2000, hubo una notable reducción en la producción nacional de gas, las importaciones de este combustible desde Estados Unidos aumentaron más de 22 veces, pasando de 287.9 millones de pies cúbicos diarios en el año 2000, hasta alcanzar un volumen de 6,425 millones de pies cúbicos diarios en el 2024, siendo el sector eléctrico y la industria petrolera los mayores consumidores de gas en el país.
Aproximadamente el 74% de la demanda total de gas en México es cubierta con importaciones, teniendo a Estados Unidos como el proveedor de casi la totalidad de ese combustible, lo que coloca a México en un alto nivel de vulnerabilidad ante posibles restricciones en el suministro de gas por razones geopolíticas, climáticas, o de mercado.
México es el principal comprador de gas transportado por gasoductos de Estados Unidos, ya que adquiere el 70% de lo que ese país exporta.