La energía nuclear se ha consolidado como una de las tecnologías de generación eléctrica con menores emisiones de gases de efecto invernadero durante su ciclo de vida. Desde 1970, su expansión ha permitido evitar, de acuerdo con datos citados en una columna sobre energía nuclear elaborada por Manuel Parra Palacios, analista de Repsol y con información de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA), alrededor de 64.5 gigatoneladas de CO₂.
La columna destaca que la energía nuclear combina bajas emisiones de carbono, alta densidad energética y capacidad de generación continua, características que han convertido a esta tecnología en una alternativa dentro de las estrategias para ampliar el acceso a la electricidad y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de los sistemas energéticos.
De acuerdo con los datos citados del OIEA, las emisiones de la energía nuclear durante todo su ciclo de vida tienen una mediana de 14.9 gramos de CO₂ equivalente por kilovatio-hora, un nivel comparable con otras tecnologías de bajas emisiones y significativamente inferior al de las fuentes fósiles.
Otro de los aspectos señalados es su elevada densidad energética. Según las cifras presentadas en la columna, un kilogramo de uranio puede proporcionar alrededor de 50,000 kWh de energía, frente a aproximadamente 8.2 kWh por kilogramo de carbón. Esta diferencia implica menores volúmenes de combustible para producir una cantidad determinada de electricidad y permite almacenar reservas de combustible durante periodos prolongados.
La generación nuclear también ha tenido un papel relevante en la reducción de emisiones y de contaminación atmosférica. Entre 1970 y 2012, la generación nuclear habría evitado 64.5 gigatoneladas de CO₂, mientras que el conjunto de las tecnologías bajas en carbono evitó 157 gigatoneladas durante el mismo periodo, según los datos citados en la columna.
Sin embargo, la energía nuclear también enfrenta desafíos. La construcción de nuevas centrales requiere inversiones importantes, periodos prolongados de ejecución y mecanismos de financiamiento adecuados. A esto se suman la gestión de los residuos radiactivos, el almacenamiento geológico de largo plazo, la seguridad de las instalaciones y la aceptación social.

México y Laguna Verde
En México, la generación nuclear tiene una presencia concentrada en una sola instalación: la Central Nuclear Laguna Verde, ubicada en Alto Lucero, Veracruz.
La planta ocupa aproximadamente 370 hectáreas y cuenta con dos reactores de agua en ebullición, conocidos como BWR-5, suministrados por General Electric. Cada reactor tiene una capacidad de 810 megavatios eléctricos, para una capacidad instalada conjunta de 1,620 MW.
Laguna Verde utiliza agua del Golfo de México para sus sistemas de enfriamiento y su generación eléctrica se incorpora al Sistema Eléctrico Nacional, cuya operación está coordinada por el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE).
La central representa así la principal referencia de México en materia de generación nuclear y constituye una fuente de electricidad de bajas emisiones directas de carbono durante la operación del reactor.
El caso mexicano permite aterrizar uno de los puntos centrales de la columna: la discusión sobre energía nuclear no se limita a la reducción de emisiones. También involucra seguridad energética, disponibilidad continua de electricidad, infraestructura, inversión, manejo de residuos y planeación de largo plazo.
En un contexto de creciente demanda eléctrica, la experiencia de Laguna Verde coloca a México ante una discusión energética más amplia: cómo combinar distintas tecnologías para garantizar electricidad suficiente y confiable, al mismo tiempo que se reducen las emisiones y los impactos ambientales del sistema energético.