En un mundo donde las dinámicas de poder se están moviendo y algunos países cambian de rumbo según el momento, los Emiratos Árabes Unidos destacan por lo contrario, porque tienen clara su hoja de ruta. Desde hace décadas entendieron que la riqueza del petróleo era un punto de partida y no un destino, y desde entonces han desarrollado ciudades pensadas para recibir turistas, han atraído eventos de talla mundial como la Fórmula 1, han construido industria propia y han convertido a sus aerolíneas en un hub internacional que hoy funciona como punto de paso para viajar a distintos lugares del mundo. Esa capacidad de convocar al mundo llega también a la agenda global, con la cumbre climática COP28 en 2023 y, en diciembre de 2026, la Conferencia del Agua de la ONU en Abu Dhabi, que coorganizan con Senegal. Nada de eso es improvisado. Responde a un proyecto de Estado con metas definidas, que incluye una agenda nacional con horizonte en 2031.
Esa apuesta tiene también una lógica de prudencia. La región ha tenido periodos de relativa estabilidad, pero ha mostrado que también puede ser inestable, y eso hace que diversificar dentro de casa ya no baste. El paso natural es llevar esa misma lógica hacia afuera y reinvertir en otros lugares del mundo lo que deja el petróleo, para crear vínculos y nexos comerciales que no dependan de él.
El modelo es sencillo de describir, aunque no de ejecutar. Los ingresos que genera el petróleo no se acumulan sin más, sino que se reinvierten en otros lugares del mundo para crear vínculos y nexos comerciales duraderos. Detrás hay tres piezas que funcionan al mismo tiempo. Los fondos soberanos aportan el capital, con una presencia cada vez mayor en proyectos fuera de sus fronteras. Las empresas emiratís llevan ese capital al terreno y lo convierten en infraestructura y actividad real. Y los acuerdos comerciales entre países abren la puerta, porque dan reglas claras a quien llega y a quien recibe.
Ninguna de las tres funciona del todo sola. El acuerdo hace más fácil invertir, la empresa le da sustancia a la inversión y el capital vuelve viable lo demás. Por eso no se trata de inversiones sueltas, sino de una forma coordinada de proyectarse al exterior.
Los Emiratos no dejan de invertir en los mercados más desarrollados, pero allí el capital se dirige a objetivos puntuales, mientras que las apuestas estructurales, las que miran al futuro y no solo al presente, se colocan en otros lugares. No hay improvisación en ello, ya que la política económica emiratí se plantea con visión de largo plazo. Del otro lado hay países que reciben ese interés con apertura y que también buscan diversificarse con proyectos de impacto duradero, y es en ellos donde la estrategia se ve con mayor claridad. África es el mejor ejemplo.
África es hoy uno de los lugares donde con más claridad se ve el modelo en funcionamiento. Los Emiratos figuran entre los principales inversionistas del continente, y pocos actores se encuentran a su mismo nivel de involucramiento, entre ellos China. La razón es que África reúne lo que buscan en un destino, con recursos naturales, mucho por desarrollar y un horizonte de crecimiento más amplio que el de los mercados que ya alcanzaron su madurez.
Gran parte de esa inversión se concentra en infraestructura y energía. La modernización del puerto de Dar es Salaam, en Tanzania, a cargo de DP World, las terminales que AD Ports desarrolla en Angola y el Congo y el programa de energía limpia de Masdar en distintos países del continente son algunos ejemplos entre muchos otros. Varios países han apostado por África sin lograr lo que buscaban, por razones diversas. El modelo emiratí, en cambio, parece estar dando resultados positivos, con una presencia que se consolida y proyectos que siguen sumándose. Por eso ahora ya no es solo África, sino también otros mercados que ofrecen algo similar, y la mirada empieza a girar hacia América Latina.
América Latina ofrece lo que en otros lugares todavía es una apuesta, un potencial ya contrastado. Tiene mercados amplios, energía, logística y minería, y el petróleo no es lo que los Emiratos vayan a buscar, porque ya lo tienen. La señal de que el interés es concreto está en los acuerdos de asociación económica que ya están en vigor o firmados con Costa Rica, Chile y Colombia, y en las negociaciones abiertas con otros, incluida la que mantienen con Mercosur.
A finales de septiembre de 2026, en declaraciones a la agencia EFE durante la Asamblea General de la ONU, la ministra de Cooperación Internacional emiratí, Reem Al Hashimy, describió a América Latina como “una región de enorme potencial” y explicó que su país la mira con visión de largo plazo, desde la energía y la infraestructura hasta los alimentos y la tecnología. En un contexto global donde las dinámicas de poder se reacomodan, son palabras que apuntan hacia dónde quieren colocarse.
Dentro de la región hay dos casos que podrían convertirse en socios naturales de los Emiratos, México y Brasil. Son atractivos para los Emiratos porque reúnen condiciones muy favorables, mercados sólidos, estables y relativamente desarrollados que, al mismo tiempo, ofrecen muchas oportunidades en materia de recursos naturales, y a su vez son países que, no les viene mal un socio con el capital y la capacidad de ejecución de los Emiratos. La atracción es mutua. México ya es el segundo socio comercial de los Emiratos en América Latina, y en 2025 ambos países firmaron memorandos de inversión y los términos de referencia para negociar un acuerdo de asociación económica. Perú negocia desde finales de 2025 su propio acuerdo, el primero que busca con un país de Medio Oriente. Brasil, la mayor economía de la región, forma parte del bloque con el que los Emiratos negocian un acuerdo similar. Lo que sigue es que esas negociaciones se concreten, que pasen del potencial a la realidad.
El mundo sigue reacomodando sus equilibrios y los Emiratos mantienen su rumbo. En casa, en África y ahora en América Latina, su mirada no ha sido casual, porque cuando un país con una hoja de ruta tan definida se fija en un lugar es porque ve valor en él. ¿Qué ven los Emiratos en estos países que otros (incluso ellos mismos) todavía no ven?