El mundo superará el umbral de calentamiento global de 1.5 grados Celsius establecido en el Acuerdo de París, advirtió el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en su más reciente Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026. Ante este escenario, el organismo llamó a reducir de manera acelerada las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento máximo de la temperatura y mantener la posibilidad de regresar a niveles de 1.5 °C hacia finales de siglo.
El informe, publicado el 21 de octubre, plantea un cambio en el enfoque de la política climática internacional: la prioridad ya no es únicamente evitar que se rebase el límite de 1.5 °C, sino reducir al mínimo la magnitud y duración del sobrecalentamiento, antes de intentar regresar a ese nivel mediante recortes de emisiones y una mayor eliminación de dióxido de carbono de la atmósfera.
Para la industria energética, el diagnóstico implica acelerar la expansión de las energías renovables, mejorar la eficiencia energética y reducir progresivamente la participación de los combustibles fósiles. También anticipa una mayor presión sobre los gobiernos y las empresas para convertir sus compromisos climáticos en inversiones, infraestructura y reducciones verificables de emisiones.
Emisiones globales: los recortes necesarios para regresar a 1.5 °C
El PNUMA plantea un escenario de menor sobrecalentamiento en el que la temperatura global alcanzaría un máximo de entre 1.7 y 1.8 °C alrededor de mediados de siglo, para después regresar a 1.5 °C o menos hacia 2100. El organismo estima que esta trayectoria tendría aproximadamente 50% de probabilidad de concretarse.
Para avanzar hacia ese escenario, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero tendrían que reducirse de forma considerable respecto a los niveles de 2025:
- 2030: reducción de 18%.
- 2035: reducción de 45%.
- 2040: reducción de 69%.
Estas metas contrastan con los compromisos climáticos nacionales existentes. Según el informe, incluso si los países implementaran íntegramente sus contribuciones determinadas a nivel nacional, las emisiones solo disminuirían entre 5% y 8% para 2030 y entre 11% y 15% para 2035, en comparación con 2025.
La diferencia muestra la brecha entre los objetivos climáticos y las medidas que actualmente se consideran para alcanzarlos. El desafío no se limita a anunciar metas de descarbonización, sino a acelerar los cambios en los sistemas de generación eléctrica, transporte, industria y consumo energético.
Energías renovables: triplicar la capacidad y acelerar la transición
Uno de los principales componentes de la ruta planteada por el PNUMA es ampliar la generación eléctrica renovable y mejorar la eficiencia energética.
El organismo señala que los países deberán acelerar los objetivos acordados internacionalmente para triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar el ritmo de mejora anual de la eficiencia energética. La expansión de estas tecnologías puede contribuir a reducir emisiones, aunque el ritmo de implementación deberá aumentar considerablemente para alinearse con el escenario de menor sobrecalentamiento.
El informe también destaca avances desde la adopción del Acuerdo de París: la capacidad mundial de generación eléctrica renovable creció tres veces más rápido de lo previsto, mientras que el despliegue de energía solar fotovoltaica avanzó siete veces más rápido que las expectativas iniciales. Sin embargo, el progreso tecnológico no ha sido suficiente para reducir las emisiones a la velocidad requerida.
Para el sector energético, esta brecha coloca en primer plano la necesidad de ampliar proyectos renovables, fortalecer las redes eléctricas y mejorar la eficiencia de los sistemas. La transición también exige condiciones de inversión, planeación e infraestructura que permitan incorporar una mayor proporción de generación limpia sin comprometer la confiabilidad del suministro.
Combustibles fósiles: el informe plantea reducciones aceleradas
El PNUMA sostiene que limitar el sobrecalentamiento requerirá una transición más rápida para abandonar los combustibles fósiles en los sistemas energéticos.
En su escenario de menor sobrecalentamiento, el organismo estima que, para 2035 y respecto a 2025, la participación del carbón en el suministro total de energía tendría que disminuir al menos 55%; la del petróleo, 15%; y la del gas natural, 5%.
Para 2040, las reducciones estimadas aumentarían a 75% para el carbón, 30% para el petróleo y 35% para el gas natural. Además, la generación eléctrica a partir de carbón tendría que reducirse al menos 75% para 2035 y prácticamente eliminarse a escala mundial para 2040.
Estas cifras corresponden a la trayectoria climática analizada por el organismo y no constituyen, por sí mismas, obligaciones regulatorias vinculantes para cada país.
Para las empresas energéticas, las metas representan un escenario de transformación de largo plazo que podría modificar las decisiones sobre generación, infraestructura, suministro y asignación de capital. La velocidad de estos cambios dependerá de las políticas públicas, las condiciones económicas, las tecnologías disponibles y la capacidad de financiar nuevas inversiones.
Captura y eliminación de carbono: una solución que todavía enfrenta desafíos
El informe contempla que, además de reducir las emisiones, será necesario retirar dióxido de carbono de la atmósfera para regresar a niveles de calentamiento de 1.5 °C hacia finales del siglo.
Sin embargo, el escenario depende de una expansión considerable de las tecnologías de eliminación de carbono, cuya aplicación a la escala requerida implica incertidumbres técnicas y de implementación. El PNUMA advierte que cuanto mayor sea el sobrecalentamiento, más difícil será regresar al objetivo climático y mayor será la dependencia de estas tecnologías.
Por ello, la eliminación de carbono no sustituye la necesidad de reducir las emisiones en su origen. La prioridad continúa siendo transformar los sistemas energéticos y acelerar las medidas de mitigación que ya han demostrado capacidad para disminuir gases de efecto invernadero.
Políticas actuales podrían llevar el calentamiento hasta 2.8 °C
El informe advierte que las medidas actuales están lejos de alcanzar la trayectoria de menor sobrecalentamiento.
Si los países cumplen plenamente sus compromisos climáticos existentes, el calentamiento máximo se situaría alrededor de 2.6 °C. Si se mantienen las políticas vigentes, la temperatura podría alcanzar aproximadamente 2.8 °C, según las proyecciones del PNUMA. Incluso un escenario que contempla el cumplimiento de los compromisos de cero emisiones netas llevaría el calentamiento máximo a cerca de 2.1 °C.
El organismo también relaciona el deterioro de algunas proyecciones con cambios en los compromisos internacionales, incluida la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y la revisión de sus compromisos de reducción de emisiones.
La diferencia entre estos escenarios muestra que las metas de largo plazo no garantizan resultados si no se acompañan de políticas concretas y reducciones efectivas en el corto plazo.
COP31: la brecha entre compromisos climáticos y resultados será central
El diagnóstico del PNUMA llega antes de la próxima ronda de negociaciones climáticas internacionales, la COP31, prevista en Turquía para noviembre de 2026.
El informe busca aportar elementos para que los responsables de las políticas públicas evalúen la distancia entre los compromisos presentados y las reducciones de emisiones necesarias para limitar los riesgos climáticos.
El organismo advierte que cada fracción adicional de calentamiento aumenta los riesgos de cambios irreversibles en sistemas naturales, incluidos los mantos de hielo, el carbono almacenado en el permafrost, la circulación oceánica y los arrecifes de coral. También eleva los riesgos para las sociedades, las economías y la infraestructura. <Cite refs={[«turn218956search1″,»turn218956news13»]}/>
Para el sector energético, la discusión se traduce en una presión creciente para acelerar la descarbonización, ampliar las tecnologías limpias y evaluar las inversiones bajo escenarios de transición climática.
La advertencia de la ONU no significa que el esfuerzo por limitar el calentamiento haya perdido sentido. Por el contrario, el informe sostiene que reducir la magnitud y duración del sobrecalentamiento sigue siendo determinante para disminuir los daños, los costos económicos y los riesgos para la población.
El desafío para los gobiernos y las empresas será convertir los compromisos climáticos en acciones concretas, con metas verificables y cambios en los sistemas de producción y consumo de energía. La ventana para evitar el sobrecalentamiento se estrecha, pero la velocidad de la transición todavía puede determinar la dimensión de sus consecuencias.
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