Certificación de Hidrógeno: Sin un Estándar Global, la Descarbonización es una Ilusión

La certificación del hidrógeno es la piedra angular para evitar el greenwashing y garantizar un mercado global confiable. Sin un estándar universal que distinga claramente entre hidrógeno verde, azul y gris, la transición energética corre el riesgo de convertirse en una ilusión más que en una realidad.

Hace 11 horas
COMPARTIR
Depositphotos
Depositphotos

El hidrógeno se ha convertido en una de las grandes apuestas para lograr un futuro energético más limpio. Se presenta como un combustible versátil que puede alimentar desde autos hasta industrias pesadas sin emitir contaminantes al usarse. Sin embargo, no todo el hidrógeno es igual: su impacto ambiental depende de cómo se produce.

Aquí entra la necesidad de certificación. Así como una etiqueta garantiza que un alimento es orgánico o que un electrodoméstico es eficiente, la certificación del hidrógeno busca asegurar que lo que se vende como “verde” realmente lo sea. Sin un sistema global y confiable de verificación, la transición energética corre el riesgo de convertirse en un espejismo, donde las promesas de sostenibilidad no se cumplen en la práctica.

El Problema de la Paleta de Colores: ¿De Dónde Viene el Hidrógeno?

El hidrógeno ha sido clasificado con una “paleta de colores” que refleja su método de producción y su impacto ambiental. El hidrógeno gris, el más extendido en la actualidad, se produce a partir de gas natural, liberando grandes cantidades de CO₂. El azul también se genera a partir de combustibles fósiles, pero con captura y almacenamiento parcial de carbono. En contraste, el verde se obtiene mediante electrólisis del agua usando energías renovables, siendo la única opción verdaderamente limpia.

Esta diferenciación es fundamental para la transición energética, pero se vuelve irrelevante sin un sistema de certificación estandarizado y reconocido internacionalmente. La ausencia de normas globales abre la puerta al greenwashing: proyectos que se venden como sostenibles sin serlo, generando desconfianza entre consumidores, inversionistas e instituciones.

La Importancia de la Trazabilidad y los Estándares Globales

La certificación de hidrógeno no es un trámite burocrático, sino una herramienta estratégica para dar certeza al mercado. Industrias como la siderurgia, la aviación o el transporte marítimo necesitan pruebas claras de que el hidrógeno que compran es realmente bajo en carbono.

Un sistema de certificación sólido debe abarcar toda la cadena de valor, desde la fuente energética utilizada hasta el punto de consumo final. Esto garantiza trazabilidad, transparencia y confianza.

Actualmente, organismos como TÜV SÜD y AENOR han desarrollado esquemas voluntarios, mientras que la Comisión Europea impulsa normas dentro de la Directiva sobre Energías Renovables (RED II). Sin embargo, estas iniciativas resultan fragmentadas frente a la magnitud de un mercado global en expansión, con crecientes flujos de importación y exportación de hidrógeno y sus derivados.

Depositphotos
Depositphotos

Sin un “lenguaje común” de certificación, los países productores pueden etiquetar como “verde” un hidrógeno que no lo es, vendiéndolo a precios premium sin posibilidad de verificación. Esta opacidad genera barreras comerciales, frena inversiones y debilita la credibilidad del hidrógeno como motor de descarbonización.

Un Llamado a la Acción para Evitar una Ilusión de Sostenibilidad

El futuro del hidrógeno dependerá de la capacidad de la comunidad internacional para establecer un marco universal de certificación. Dicho marco debe ser:

  • Transparente, para evitar manipulaciones.
  • Auditable, con metodologías claras y verificables.
  • Reconocido globalmente, para armonizar regulaciones y mercados.
  • Integral, considerando no solo la producción, sino también el uso de recursos como el agua y los impactos sociales en las comunidades.

La industria se encuentra en un punto de inflexión. Si los gobiernos, empresas y organismos multilaterales priorizan la estandarización, el hidrógeno podrá desplegar todo su potencial como motor de la economía verde. De lo contrario, la descarbonización corre el riesgo de quedarse en un espejismo, una ilusión pintada en colores atractivos pero sin sustento real.

Del Discurso a la Acción

La certificación global del hidrógeno no es un detalle técnico, sino la condición indispensable para consolidar un mercado confiable y sostenible. Cada kilogramo producido y comercializado debe ser garantía de un verdadero aporte a la transición energética.

El reto está planteado: sin estándares universales, la promesa del hidrógeno como pilar de la descarbonización podría desvanecerse en un ejercicio de greenwashing global. Con ellos, en cambio, el mundo tendrá una herramienta poderosa para avanzar hacia un futuro más limpio, seguro y sostenible.

Te invito a leer:

Centros de investigación en México que impulsan la innovación petroquímica

Shorts

shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube
shorts youtube