Fracking en América Latina: países líderes y niveles de desarrollo

Argentina encabeza el desarrollo del fracking en la región, mientras México vuelve a abrir el debate sobre la técnica. Colombia y Brasil también han explorado sus posibilidades, aunque con distintos niveles de desarrollo.

Hace 28 minutos
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Oil field with multiple drilling rigs, tanks, and trucks in a desert landscape at sunset.
Análisis de la fractura hidráulica en América Latina
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La fractura hidráulica, conocida como fracking, dejó de ser una tecnología exclusivamente asociada a Estados Unidos y Canadá. En América Latina, varios países han recurrido a ella para intentar extraer petróleo y gas atrapados en formaciones de roca de baja permeabilidad.

Sin embargo, el desarrollo de esta técnica es muy desigual en la región. Mientras Argentina convirtió a Vaca Muerta en uno de los grandes polos mundiales de hidrocarburos no convencionales, otros países apenas han realizado proyectos piloto, exploraciones o mantienen el fracking como una posibilidad futura.

El top latinoamericano:

1. Argentina: el líder regional

Argentina es, por amplio margen, el principal caso latinoamericano de explotación de hidrocarburos mediante fractura hidráulica.

El epicentro está en Vaca Muerta, en la cuenca Neuquina, principalmente en la provincia de Neuquén. El país inició la explotación de recursos no convencionales a comienzos de la década de 2010 y posteriormente incrementó de manera significativa la cantidad de pozos y etapas de fracturación.

El Instituto Geográfico Nacional señala que Argentina fue el primer país de América Latina en iniciar la explotación de hidrocarburos no convencionales y destaca el papel de Vaca Muerta en el desarrollo del sector.

La magnitud del desarrollo argentino hace que Vaca Muerta sea considerada una de las principales regiones del mundo donde se utilizan perforación horizontal y fractura hidráulica para obtener petróleo y gas de esquisto.

El crecimiento, sin embargo, también abrió una fuerte discusión ambiental. Entre los principales cuestionamientos aparecen el consumo de agua, la gestión de residuos y los posibles impactos sobre ecosistemas y comunidades.

2. México: una larga historia y un posible regreso

México ocupa un lugar particular porque ha utilizado la fractura hidráulica durante décadas, aunque su aplicación a gran escala sobre hidrocarburos no convencionales ha estado marcada por cambios de política.

De acuerdo con una investigación publicada por EL PAÍS, México utilizó la técnica en más de 8.000 pozos y registró más de 36.000 operaciones de fracturación hidráulica. La actividad tuvo especial intensidad entre 2003 y 2018.

En 2026, el tema volvió al centro de la agenda energética mexicana. Un comité de expertos convocado por el gobierno de Claudia Sheinbaum recomendó prohibir el fracking en la cuenca Tampico-Misantla y planteó que cualquier eventual desarrollo en otras regiones debería utilizar agua salobre, no agua dulce.

Esto significa que México no puede ser descrito simplemente como un país que “prohibió” o “usa” fracking: actualmente atraviesa una etapa de revisión de su política, con la posibilidad de nuevos proyectos condicionados a criterios ambientales, disponibilidad de agua y viabilidad económica.

3. Colombia: exploración y fuerte debate ambiental

Colombia posee importantes recursos potenciales de hidrocarburos no convencionales y durante los últimos años ha estudiado la posibilidad de explotarlos mediante fractura hidráulica.

A diferencia de Argentina, el país no ha alcanzado un desarrollo comercial comparable de grandes yacimientos de shale mediante fracking. La discusión colombiana ha estado atravesada por cuestionamientos ambientales, sociales y regulatorios.

Por eso, Colombia debe ubicarse por detrás de Argentina y México cuando el criterio es uso efectivo de la técnica, y no simplemente potencial de recursos.

4. Brasil: potencial, pero sin un boom de shale

Brasil aparece entre los países sudamericanos con potencial para desarrollar hidrocarburos no convencionales y ha realizado estudios y actividades vinculadas a la fractura hidráulica.

No obstante, el país no ha experimentado una revolución del shale comparable con la de Argentina. La producción petrolera brasileña continúa estando fuertemente asociada a sus enormes reservas convencionales y de aguas profundas.

Por eso, aunque Brasil forma parte del mapa regional del fracking, su utilización comercial está muy por debajo de la argentina.

¿Y el resto de América Latina?

Otros países de la región han estudiado recursos no convencionales, pero eso no significa necesariamente que tengan una industria de fracking funcionando a escala comercial. Esta distinción es fundamental: tener reservas de shale no equivale a explotar esas reservas mediante fractura hidráulica.

La diferencia entre Argentina y el resto de la región se explica en buena medida por Vaca Muerta.

La formación neuquina concentra enormes recursos de petróleo y gas no convencionales y se convirtió en el principal laboratorio latinoamericano para la aplicación industrial de la fractura hidráulica.

Pero el éxito productivo tiene una contracara. Investigaciones sobre la región han advertido sobre la presión que la actividad puede ejercer sobre los recursos hídricos. Un estudio sobre Vaca Muerta, por ejemplo, encontró períodos de escasez de agua bajo las tasas de extracción analizadas.

Además, en 2026 continúan las controversias ambientales relacionadas con los residuos generados por la actividad en Neuquén

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Una técnica que divide a la región

El fracking permite acceder a hidrocarburos que permanecen atrapados en rocas de muy baja permeabilidad. Para hacerlo, se perforan pozos habitualmente combinando perforación vertical y horizontal y se inyectan fluidos a alta presión para generar fracturas que permitan liberar el petróleo o gas.

Sus defensores destacan que puede aumentar la producción energética, reducir importaciones y generar ingresos y empleos. Sus críticos cuestionan el consumo de agua, la generación de residuos, el riesgo de contaminación y otros posibles impactos ambientales.

En América Latina, la discusión está lejos de estar cerrada. Argentina apuesta fuertemente por Vaca Muerta; México vuelve a evaluar bajo condiciones estrictas si quiere recuperar la técnica; y otros países mantienen sus proyectos en etapas mucho más tempranas.

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