La infraestructura dejó de ser únicamente un indicador de desarrollo físico para convertirse en uno de los principales motores de la competitividad económica. El Índice de Competitividad Estatal (ICE) 2026, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), concluye que la capacidad de los estados para atraer inversión, fortalecer industrias estratégicas y generar empleo depende cada vez más de tres pilares: infraestructura financiera, conectividad digital y logística de transporte.
En el subíndice de Infraestructura, la Ciudad de México ocupa el primer lugar nacional, seguida por Querétaro, Nuevo León, Quintana Roo y Jalisco, entidades que concentran mejores condiciones para impulsar actividades económicas de mayor valor agregado.
El ranking del IMCO muestra movimientos relevantes respecto a la edición anterior. Querétaro escaló cuatro posiciones para colocarse en el segundo lugar nacional, mientras Nuevo León avanzó un lugar y alcanzó la tercera posición.
En contraste, algunas entidades registraron retrocesos importantes. Baja California Sur cayó cuatro posiciones, Sonora descendió cinco y Colima presentó una de las mayores disminuciones al perder nueve lugares.
Los cinco estados mejor posicionados en infraestructura son:
1.- Ciudad de México
2.- Querétaro
3.- Nuevo León
4.- Quintana Roo
5.- Jalisco
En el extremo opuesto del indicador aparecen Hidalgo (28), Guerrero (29), Durango (30), Oaxaca (31) y Chiapas (32).
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que la infraestructura financiera ya funciona como un diferenciador entre los estados con mayor capacidad para competir en economías modernas y aquellos con mayores rezagos.
La Ciudad de México cuenta con 395 terminales punto de venta por cada 10 mil adultos, una cifra que representa nueve veces el nivel registrado en Oaxaca, donde existen 44 terminales por la misma población.
La diferencia también aparece en la banca móvil: la capital registra 32 mil contratos por cada 10 mil adultos, equivalente a una cobertura 5.8 veces superior a la observada en Oaxaca.
Para el IMCO, estos indicadores reflejan que el acceso a servicios financieros digitales ya forma parte de la infraestructura económica indispensable para impulsar inversión, consumo y productividad.
La conectividad digital también determina la competitividad
El estudio advierte que la brecha digital se ha convertido en una brecha geoeconómica.
Mientras 85.8% de las viviendas de la Ciudad de México cuentan con acceso a internet, en Chiapas la proporción es de 43.2%, prácticamente la mitad.
Esta diferencia limita la capacidad de las entidades para atraer empresas, talento especializado y actividades intensivas en tecnología.
Para industrias como energía, manufactura avanzada, logística y centros de datos, la disponibilidad de conectividad dejó de ser un factor complementario para convertirse en una condición esencial para nuevas inversiones.
La logística aérea fortalece polos industriales
La infraestructura de transporte también muestra diferencias significativas entre entidades.
En carga aérea, Querétaro encabeza el indicador con 28,636 kilogramos por cada mil habitantes, aproximadamente cinco veces el promedio estatal registrado por el IMCO.
En pasajeros, Quintana Roo alcanza 15,134 pasajeros por cada mil habitantes, más de nueve veces el promedio nacional, un desempeño asociado a su vocación turística y a la fortaleza de su conectividad internacional.
Estos indicadores consolidan a ambos estados como nodos estratégicos para actividades industriales, comerciales y de servicios.
Infraestructura como base del crecimiento económico
El subíndice de Infraestructura del ICE 2026 evalúa variables vinculadas con:
- telefonía móvil,
- acceso a internet,
- terminales punto de venta,
- uso de banca móvil,
- captación de ahorro,
- flujo de pasajeros,
- carga aérea,
- indicadores relacionados con movilidad terrestre.
El objetivo consiste en medir la capacidad de cada entidad para generar condiciones favorables para la inversión, el empleo y el crecimiento económico mediante infraestructura física y digital.
Para sectores estratégicos como el energético, la manufactura y la logística, el diagnóstico del IMCO confirma una tendencia cada vez más visible: la competitividad ya no depende únicamente de contar con carreteras, puertos o aeropuertos, sino de integrar infraestructura financiera, conectividad digital y capacidades tecnológicas que permitan operar industrias más complejas.
En un contexto de relocalización de cadenas productivas, expansión de centros de datos y nuevas inversiones en energía e infraestructura industrial, las diferencias entre entidades muestran que cerrar las brechas digitales y financieras será tan determinante como construir nueva infraestructura física para fortalecer la competitividad de México.
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