Expira el New START, último acuerdo de control nuclear entre EU y Rusia

El tratado funcionaba como un freno a la expansión descontrolada y, sobre todo, como un sistema de transparencia y verificación mutua.

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Foto: Twitter

Este jueves expiró el tratado New START, el último gran acuerdo vigente que establecía límites verificables a los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia, poniendo fin a más de medio siglo de mecanismos formales de control de armas entre ambas potencias.

Firmado en 2010 y prorrogado en 2021, el New START fijaba un tope de 1,550 cabezas nucleares estratégicas desplegadas por país, así como límites a los principales sistemas de lanzamiento: misiles balísticos intercontinentales, misiles lanzados desde submarinos y bombarderos pesados. Aunque no implicaba desarme, el tratado funcionaba como un freno a la expansión descontrolada y, sobre todo, como un sistema de transparencia y verificación mutua.

Con su vencimiento, desaparece la última regla compartida que obligaba a Washington y Moscú a intercambiar datos, notificar movimientos y permitir inspecciones, reduciendo el riesgo de errores de cálculo. El fin del acuerdo no implica un aumento inmediato del número de armas, pero sí elimina el “contador común” que permitía conocer con precisión el tamaño y despliegue de los arsenales estratégicos.

Durante décadas, los tratados bilaterales surgieron para gestionar el equilibrio nuclear entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, posteriormente Rusia. Sin embargo, ese esquema se ha visto alterado por el ascenso de China como potencia nuclear, un factor clave en la falta de un nuevo acuerdo. El expresidente estadounidense Donald Trump ha planteado la necesidad de un “nuevo acuerdo mejor”, que incluya a Pekín, pero hasta ahora no existe un marco sustituto.

China, cuyo arsenal nuclear se estima en alrededor de 600 ojivas, ha acelerado su crecimiento en los últimos años a un ritmo cercano a 100 ojivas anuales desde 2023, según estimaciones occidentales. Pekín busca alcanzar una posición de paridad estratégica y mantiene gran parte de sus capacidades bajo opacidad, lo que reduce sus incentivos para aceptar límites mientras continúa en fase de expansión.

La desaparición del New START también tiene efectos políticos y estratégicos. Analistas advierten que, sin mecanismos de verificación y notificación, aumentan las zonas grises, obligando a los estrategas a basarse en estimaciones que suelen inflarse por prudencia. En contextos de crisis, esta falta de información compartida incrementa el riesgo de errores de percepción, al poder confundirse ejercicios militares con preparativos de ataque.

El impacto se extiende más allá de Estados Unidos y Rusia. El fin del tratado debilita la cultura global de control de armamentos y envía una señal al resto de las potencias nucleares. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha advertido que China podría alcanzar 1,000 ojivas nucleares hacia el final de la década.

Para Europa, el escenario implica un entorno de seguridad más incierto. El continente depende del paraguas nuclear de la OTAN, sustentado principalmente en el arsenal estadounidense. En la región, solo Francia y el Reino Unido cuentan con armas nucleares propias, diseñadas fundamentalmente para su defensa nacional.

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Lesly Jiderth Sánchez Pineda

Lesly Jiderth Sánchez Pineda

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